Cuando el papa no es infalible

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Vatican Media | Efe

03 sep 2021 . Actualizado a las 09:03 h.

Los papas son infalibles cuando hablan ex catedra. No está claro que lo sean cuando hacen entrevistas periodísticas. El sumo pontífice Francisco se arriesgó a no ser infalible en la conversación que tuvo con Carlos Herrera en la Cope porque, a preguntas del comunicador, se metió en cuestiones políticas que, por su naturaleza, son discutibles y dividen a la sociedad. A mi juicio, cometió un error de análisis al condenar las ideologías, a las que considera la gran dificultad para culminar procesos de reconciliación nacional. Las dudas que suscita su santidad no son menores: ¿existe democracia sin ideologías? ¿La prohibición de expresar la ideología no es la característica fundamental de las dictaduras? ¿El crepúsculo de las ideologías, obra de Fernández de la Mora, no fue una de las biblias del franquismo? ¿Es el papa Francisco partidario de la ideología única, como si fuese una religión? Inquietantes preguntas, sobre todo si son inspiradas por el jefe supremo de la Iglesia católica, con miles de millones de seguidores en el mundo.

El segundo argumento que cayó como una tormenta de granizo sobre la sociedad española se refiere a la unidad nacional. El papa destiló una doctrina que ya le habíamos escuchado: España probablemente no se reconcilió con su propia historia, sobre todo la historia del siglo XX, y de ahí vienen los problemas de Cataluña y, en general, los problemas de «reconciliación básica de los pueblos». Aquí sí que hay un tema serio de reflexión, porque Bergoglio, más Bergoglio que Francisco, se alinea con el movimiento crítico de la Transición. Y eso, por venir de quien viene, es peligroso para la estabilidad de nuestra democracia.

El pecador que escribe estas líneas se tiene que preguntar: ¿no fue fruto de la reconciliación nacional una Constitución redactada por todos y aceptada por más del 90 por ciento de los catalanes? ¿No fueron reconciliación el regreso de los exiliados, las amnistías y la participación política de todos los partidos que se habían enfrentado en la Guerra Civil? ¿Para que haya reconciliación tienen que abrirse procesos penales a los protagonistas del franquismo 40 años después de la llegada de la democracia y 80 años después del golpe de Estado? ¿Qué margen se deja al diálogo que propugna el pontífice si todo se convierte en revisión y revancha por unos hechos que no vivieron la mayor parte de los españoles de hoy?