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Un tal Iván

Ignacio Bermúdez de Castro
Ignacio Bermúdez de Castro PASOS SIN HUELLAS

OPINIÓN

Alejandro Martínez Vélez | Europa Press

25 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hará más de diez años una tarde pidió cita en mi despacho un individuo de nombre Iván (no es su nombre real pero lo utilizo a efectos de preservar su anonimato). La primera impresión que me causó el tal Iván fue inmejorable. Educado a más no poder, tardó apenas media hora en conseguir que su versión sobre su situación matrimonial resultara absolutamente creíble. Quería salvar a toda costa su matrimonio pero, según él, su pérfida esposa tenía como única misión en su vida destrozar la suya. Se interpusieron demandas y como la justicia es lenta tuve oportunidad de charlar decenas de veces con él. A pesar de ser perro viejo en esto de tratar de solucionar problemáticas ajenas y complejas, Iván cada vez me resultaba más víctima y menos verdugo. Hasta que un buen día, años después de nuestra primera entrevista y convencido como estaba de que mi confianza en él era inquebrantable, debió relajarse y motivó que reparara en que Iván no era quien yo suponía. Era un narcisista más. Un mentiroso compulsivo exclusivamente enamorado de sí mismo. Frío, calculador, violento y capaz de todo con tal de destrozar la vida de su pareja o ex pareja. Evidentemente, la inmensa mayoría de los hombres que acaban en un juzgado de violencia de género nada tiene que ver con mi antiguo cliente. Como consejo a los letrados jóvenes que inician su andadura profesional no puedo dejar de decirles que no se hagan una opinión temprana de quien llama a su despacho para contar lo bueno que es él y lo mala que es su pareja. A veces es cierto y a veces no. Unas veces solo es un tal Iván pero otras, las menos, un talibán.