El 12 de septiembre de 1992 Abimael Guzmán, el líder de Sendero Luminoso, uno de los grupos terroristas maoístas más sanguinarios de la historia, fue apresado por agentes del servicio de inteligencia de la policía del Perú. Pocos días después Guzmán, autodenominado «Presidente Gonzalo» y «la cuarta espada del comunismo mundial», fue presentado ante la prensa en una jaula, oportunidad que aprovechó para ordenar a sus huestes de continuar la lucha. Si bien la derrota militar de Sendero Luminoso fue incuestionable, el combate desde una postura más ideológica prosiguió y en menos de 30 años llegaron al poder por medio de Pedro Castillo.
Sendero Luminoso se dividió en varias fracciones, la narcoterrorista de las zonas selvático-andinas; algunas otras que continuaron las acciones de hostilidad pero que fueron disipadas, y, sobre todo, la que se infiltró en poderosos sindicatos magisteriales, donde empezó a ejercer una fuerte influencia. Igualmente, crea su propio brazo político, no reconocido legalmente, denominado Movimiento Amnistía y los Derechos Fundamentales (Movadef) el cual pretende la liberación del encarcelado Abimael Guzmán. En ese sentido, Pedro Castillo, un profesor de primaria de la andina provincia de Chota, lideró una larga huelga magisterial en el 2017 y postuló a la presidencia por un partido de clara tendencia marxista-leninista denominado Perú Libre. Este partido fue fundado por Vladimir Cerrón, un radical ex gobernador condenado por delitos de corrupción, que ha mantenido comprobadas relaciones con el chavismo y que ha sostenido nexos con el Movadef. En virtud de sus condenas penales, Vladimir Cerrón planeó llegar a la presidencia por medio de un candidato sin antecedentes penales y que estuviera alineado con el marxismo leninismo de Perú Libre. Pedro Castillo reunía los requisitos.
Casi de manera paralela a este proceso, el ex presidente Martín Vizcarra (2018-2020), perpetró un golpe de estado al disolver ilegalmente el Congreso en el año 2019. Martín Vizcarra implantó un férreo control sobre el poder judicial, la fiscalía y un espurio Jurado Nacional de Elecciones que está incompleto y cuyo presidente, de oscuro pasado comunista, goza de doble voto. Todo lo anterior contó con el aplauso de una poderosa progresía marxista caviar -socialistas de champán- que domina los medios de comunicación, copa diversos estamentos de la burocracia estatal y monopoliza la narrativa cultural. Esa mampara sistémica impuesta por Vizcarra se mantuvo intacta durante el Gobierno de Francisco Sagasti (2020-2021) y facilitó un muy cuestionado triunfo electoral, en segunda vuelta, de Pedro Castillo.
Asimismo, los sucesivos gobiernos democráticos de los últimos veinte años naufragaron en escándalos de corrupción y se caracterizaron por una gran incapacidad para atender las necesidades de salud, educación e infraestructura del interior del país. Por su parte, la derecha peruana no pudo conformar un partido político de masas y nunca se percató de la lucha ideológica en la que estaba inmersa.
De manera previa a la asunción de mando, muchos creyeron que Pedro Castillo se iba a moderar y que buscaría un gabinete ministerial de consenso para mandar un mensaje de credibilidad a los mercados internacionales. Nada más lejos de la realidad. El nuevo presidente, en un tono totalmente ideologizado, ratificó la propuesta chavista de una constituyente y rompió cualquier tipo de relación con la progresía caviar. Del mismo modo, propuso la expansión de las rondas campesinas en las zonas urbanas (una evocación a los comités revolucionarios cubanos) y la recuperación de la «soberanía» sobre los recursos naturales. Acusó de «estafa» al fisco de las grandes corporaciones y enfiló irrespetuosos ataques al pasado virreinal español ante la presencia del mismo rey Felipe VI. Incluso el pasado 29 de julio, Pedro Castillo celebró de manera simbólica una jura del cargo de presidente en la Pampa de la Quinua, donde ocurrió la célebre batalla de Ayacucho que selló la independencia de España. Pero es también en Ayacucho donde nació precisamente Sendero Luminoso.
Finalmente, el vínculo entre Pedro Castillo y Sendero Luminoso quedó confirmada cuando nombró como primer ministro a Guido Bellido, un homófobo que es investigado por apología del terrorismo; y como canciller a Héctor Béjar, un ex guerrillero de los 60, castrista recalcitrante y quien en algunas declaraciones manifestó que se debía perdonar a Abimael Guzmán. Según reportes del diario El Comercio, el nuevo ministro de Trabajo, Iber Maraví, tiene también lazos muy fuertes con el Movadef.
En el mejor de los casos, al Perú le esperan cinco años muy malos. En el peor, 60 años de pauperización. Un octogenario Abimael Guzmán está fumando sonriente en su celda. Es el suicidio consumado.