¿Todos somos Samuel?

Cartas al director
Cartas al director CARTAS AL DIRECTOR

OPINIÓN

NACHO DOCE

Alguna pregunta para los pirómanos del odio

A todos aquellos que rechazan la diferencia y no paran en medios para erradicarla; a todos aquellos que desde su condición de representantes políticos al frente de partidos democráticos -pero incendiarios- arman de razones a los que su ceguera intelectual les convierte en mercenarios de la sinrazón, y, finalmente, a los que desde los púlpitos lanzan proclamas contra la libertad sexual, contra el derecho de amar a quien se quiera y como se quiera, dando argumentos a los descerebrados que encuentran en sus palabras la justificación «moral» de sus acciones, de su intolerancia y de su violencia extrema, solo me gustaría hacerles dos preguntas: ¿Cómo es posible seguir viviendo con la conciencia tranquila ejerciendo de pirómanos? ¿Cuántos asesinatos más debemos presenciar a manos de sus valientes secuaces hasta oírles gritar: «¡Ya es suficiente!»? Tomás Jorge Pérez. Los Realejos.

Empleados sumisos

Hace casi 2 años pensé que era mi momento. Asomándome a la cuarentena y tras pasar por varias empresas, con distinto éxito, llego a donde quería, una gran compañía. Una firma de prestigio dedicada las sector en el que me formé, ¿Qué podría salir mal? Por un momento pensé que era afortunado, que tenía la oportunidad de mostrar lo que valgo. Me daban la oportunidad de poner a funcionar un servicio que antes la empresa no daba. Desde el primer momento lo di todo, conseguí un montón de nuevos clientes, y lo más importante, fidelizarlos. Durante estos casi 2 años luché contra viento y marea, con una empresa que no me daba ningún tipo de directriz al respecto, siempre sin perder la ilusión. En aquella nave, tuve que luchar contra «superiores», que en lugar de facilitarme el trabajo me lo dificultaban, llegando alguna vez a sobrepasar mi paciencia, donde yo mostré lo que pensaba, siempre desde el respeto, por supuesto. Esto no gustó, ya que hoy en día tener un empleado con opinión propia no gusta, sobre todo en esta empresa. Mi sorpresa llega un día en el mes de mayo, cuando me reciben con una carta de despido, en la que las mentiras destacaban por encima de todo. Por supuesto que en ese momento me ofrecieron una miseria, mucho menos de lo que me correspondía. Puse todo en manos de un abogado y conseguí que me pagaran lo que era mío, ya que las mentiras no se sostienen. Quiero aprovechar esta ventana para animar a la gente a luchar ante las injusticias, porque con la verdad por delante tienes mucho que ganar. Agustín Rodríguez Pérez.