El odio camina por las aceras

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

Ana Gerpe

08 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Tenemos al odio circulando libremente por las aceras de nuestras calles. Nos lo dicen cada mañana los medios de comunicación, pese a recoger solo una parte de su intensidad, aunque cuando lo hacen descubrimos su dramatismo y efecto mortal. A tenor de lo que vemos, se ha instalado en nuestras vidas, casi sin que nos percatásemos. Y así comprobamos cómo las agresiones por odio aumentaron un 45 % en los últimos seis años.

A la vista de los últimos acontecimientos, cuesta creer que España sea uno de los países que cuenta con una legislación más estricta contra los delitos de odio. Porque se legisló para «la igualdad y dignidad de todos los ciudadanos» y para evitar que públicamente se fomente o incite directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia por motivos referentes al racismo, ideología, religión, etnia, raza, origen, orientación o identidad sexual, género o discapacidad. Extenso y concreto. Debíamos de tenerlo claro.

Pero como ocurre con otras cuestiones, legislar no resulta suficiente. Sobre todo si lo que se impone en el día a día, lo que llega a nuestras casas, a las aulas y a las mentes de los descerebrados, son los discursos machistas, homófobos o xenófobos, emitidos desde las redes sociales o, peor, desde las propias instituciones, por representantes públicos a los que nos vemos obligados a considerar constitucionales y legales. Ya no digamos cuando llamar «maricón» al ministro Marlaska, como hizo un alto representante del Estado, no fue considerada una «expresión homófoba» sino «un insulto fuera de contexto»; cuando la propia Justicia avala un cartel contra menores extranjeros o cuando el facherío pone en la diana a una publicación y a su editor. Que es otra forma de blanquear la violencia al diferente.