ETA, el «procés», el árbol y las nueces

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

TXEMA FERNANDEZ

29 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Citar en un mismo artículo a ETA y al separatismo catalán es suficiente para que hoy en día a uno lo cuelguen del palo mayor o lo lapiden en la plaza pública, aunque se distinga nítidamente entre los medios de uno y otro para conseguir el mismo fin: la independencia unilateral de España al margen de la vía constitucional. De manera que quienes analicen lo que pasa en el mundo con tales anteojeras y tan cortas entendederas, y tengan activada la alarma para detectar la presencia de los dos términos en un texto, pueden saltarse lo que viene a continuación.

El motivo por el que lo que entonces también se llamaba «el conflicto» se enquistó en el País Vasco no fueron los asesinatos de ETA, sino el hecho de que los nacionalistas que gobernaban Euskadi compartían los fines de la banda, aunque no sus medios, por más que Arzalluz dijera lo del árbol y las nueces. Fue el hecho de que la reivindicación separatista se sustentara desde el Gobierno vasco, y no los crímenes de ETA, lo que llevó a muchos españoles a pensar que no había más solución que un referendo de independencia. Entonces, como ahora en Cataluña, fue fundamental para ese derrotismo el apoyo de la Iglesia y el empresariado vasco a las reivindicaciones secesionistas.

Pero no fue así. Pese a esa presión política y social, y al salvajismo de ETA, los sucesivos gobiernos de España no se sentaron jamás con el Ejecutivo vasco a hablar de autodeterminación o de referendo. Sí lo hicieron con la propia ETA, pero para hablar de presos, no del modelo territorial. Y luego, cuando Ibarretxe planteó, con el apoyo de la mayoría del Parlamento vasco, que Euskadi fuera un Estado libre asociado, fue mandado de vuelta a casa por el PSOE y el PP.