Del ridículo

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

Agostiño iglesias

13 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Ridículo viene del latín ridiculus: «Que provoca risa o burla».

Uno de los rasgos característicos de la civilización actual es la pérdida del sentimiento de pudor y la vergüenza; desde que la vida se hizo transparente y la pantalla se transformó en el ojo de la cerradura donde unos y otros espían sus vidas, ambos sentimientos declinaron.

Cada cual puede hacer lo que le dé la gana con su intimidad, si bien conviene señalar que cuando uno expone su vida al público se expone al linchamiento digital, al ciberacoso, al insulto anónimo de las redes y lo que es peor, al ridículo.

A pesar de ser un pueblo en general extrovertido y dicharachero, el español siempre ha tenido un alto sentido del ridículo. La noción de ridículo es algo muy subjetivo, ya que nunca se sabe el impacto emocional que la mofa del otro puede producir en uno; para algunos la burla de los demás puede ser un activo positivo si lo que pretende con sus chanzas es fama, popularidad o «me gustas» con los que rentabilizar su exposición pública. Para otros puede ser demoledor en su amor propio y precipitarlo hacia la angustia del bullying, la evitación, la inseguridad y la depresión.