La utilidad de la acuafaba

Francisco Ríos Álvarez
Francisco Ríos LA MIRADA EN LA LENGUA

OPINIÓN

12 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace tres años, una periodista de La Voz nos informaba de que una de las tendencias culinarias de aquel 2018 que iban a tener continuidad era el o la aquafaba. El asunto había empezado en el 2015. Un ingeniero informático estadounidense, Goose Wohlt, que es vegano, buscaba cómo hacer merengue sin clara de huevo. Y descubrió que esta podía ser sustituida por el agua de cocer las legumbres. También vale la de las conservas de estas. Wohlt hizo público su hallazgo y surgió entonces en Internet una comunidad vegana que impulsó el término acuñado por él para ese líquido, aquafaba, con la que han creado multitud de recetas.

Aquafaba es un sustantivo inglés, que toma del latín aqua ‘agua’ y faba ‘haba’, que también se aplica a otras legumbres. La utilidad del descubrimiento ha tenido como consecuencia la rápida difusión del anglicismo. Al emplearlo en español ha de escribirse en letra cursiva o entre comillas para poner de manifiesto que, por su forma, es ajeno a nuestro idioma, que tras el dígrafo qu solo admite una e o una i. La sílaba qua dejamos de usarla a principios del siglo XIX, cuando aún se escribía aquá (‘acá’), la tropa se acuartelaba en el aquartelamiento y lo relativo al agua era aquático o aquatil. No habían pasado veinte años de iniciada la centuria cuando la Academia convirtió qua en cua, y aquá, aquartelamiento y aquático fueron reemplazados por acuá -desaparecido del Diccionario va para cien años-, acuartelamiento y acuático. La mudanza afectó a otras muchas voces.

La sílaba qua no permite emplear aquafaba como palabra española, pero la adaptación es sencilla. Basta con seguir el camino de acuartelamiento y cambiar la q por c: acuafaba.