Tiempos dispersos y la carta de Junqueras

José Luis Úriz Iglesias EN LÍNEA

OPINIÓN

David Zorrakino | Europa Press

11 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

De una sociedad líquida como señalaba Bauman, con una política y políticos especialmente líquidos, hemos pasado a unos tiempos dispersos. Hacer reflexiones en estos momentos resulta complicado, porque lo que vale hoy a las 20 horas puede no valer ya a las 22 horas y mucho menos a las 9 de la mañana. El último ejemplo ha sido la comentada carta de Oriol Junqueras que contradice todo lo dicho por él, al igual que se podría decir del presidente del Gobierno en este mismo tema.

Este escrito cambia cualquier análisis que sobre la situación en Cataluña se haya podido hacer. La visión pesimista tras las elecciones del pasado 14-F y la constitución monocolor indepe del nuevo Govern se viene abajo al leerlo. Su análisis pragmático anticipa un nuevo tiempo para las relaciones Estado-Cataluña. Esos cambios de opinión, aunque puedan tener un origen táctico, tienen consecuencias estratégicas. Los indultos provocan una vía de diálogo y acercamiento hace unos días impensable. El reconocimiento por parte de ERC de la aceptación de los mismos y de que la vía unilateral queda suprimida, también.

Estos cambios dejan al PP y a Vox en una situación difícil por más que las encuestas, realizadas antes de este cambio, dieran que una mayoría de la sociedad española, incluidos los votantes del PSOE, estaba en contra de dichos indultos. La foto del próximo domingo en la plaza de Colón se va a producir ahora a trasmano y puede cambiar el sentido de la ola que la derecha había alcanzado a partir de las elecciones del pasado 4-M en Madrid. Así, el futuro para el Gobierno de las izquierdas se clarifica, a lo que debemos añadir el éxito del proceso de vacunación y el cambio de ciclo económico que se va a producir a partir de ahora. La llegada de los esperados fondos europeos puede dar el oxígeno necesario para que el Gobierno, que en las últimas semanas se encontraba contra las cuerdas, tenga la posibilidad de aguantar hasta el final de la legislatura.

Esa dispersión se manifiesta también en lo acontecido en los últimos días en lo referente a la pandemia. Las últimas decisiones del Ministerio de Sanidad sobre las restricciones han resultado un patinazo de categoría, que han permitido de nuevo a la presidenta de Madrid volver a darles un revolcón. Todo lo ocurrido durante la pandemia nos debería hacer reflexionar sobre si tenemos los mecanismos necesarios, en un Estado de las autonomías como el nuestro, para poder homogeneizar normas. Parece que no. Por eso el reto es corregir la anomalía cuando ocurra.

Vivimos tiempos dispersos y volubles, la política, los políticos, la sociedad no parece que sean especialmente serios y eso provoca situaciones indeseadas. ¿Cómo se podrían evitar? Quizás si los partidos de la izquierda recuperaran la estrategia en su praxis, si se dedicaran más a intentar transformar la sociedad, sería posible un cambio. Pero lamentablemente eso necesitaría un tiempo que no se tiene, cuando cada poco tiempo estamos inmersos en procesos electorales y ese cambio podría suponer una merma en votos. Quizás si Sánchez mantuviera su valentía actual, demostrada con la decisión de los indultos contra un 64 % de la población en contra, será posible. Pero para eso deberemos esperar a las elecciones del 2024, si se consolida e incrementa la mayoría de las izquierdas y continúa el pragmatismo de las periféricas como ERC, Bildu y BNG. De esa manera también se podría afrontar con éxito la solución del último gran problema que nos quedó pendiente desde la Transición; las tensiones centro-periferia. A partir de esa nueva situación se podría afrontar la posibilidad de un nuevo pacto fiscal Estado-Cataluña y el tema más polémico, la posibilidad de una consulta explorando lo recogido en el artículo 92.1 de la Constitución. Veremos…