Vacúnese usted mismo

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

Capotillo

01 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Es la nueva modalidad de vacunación que se acaba de imponer en España que, mal que nos pese, es un país tremendamente creativo. Y que se va a trasladar de inmediato a todo el mundo. El ciudadano, que se entiende que sabe la intemerata de medicina, elige o rechaza sobre la marcha la vacuna que quiere que le inyecten, conocedor como es de sus propiedades y efectos secundarios. Es la mejor fórmula. Así cada uno decide y, quienes tienen la obligación de hacerlo, se eximen de tal responsabilidad. Lo próximo será que nos la apliquemos nosotros mismos.

El lío de la administración de la segunda dosis de la vacuna merece, cuando menos, una película. De humor absurdo, algo así como Sopa de ganso, de los Marx. Porque si lo tomamos con el rigor que requiere, podría afectarnos seriamente a nuestra salud. Física y mental. Llegamos aquí después de vivir días de farra en los que la vacuna de Oxford solo se aplicaba a los menores de 55 años, después a los mayores, más tarde a los de más de 60 y luego a los menores de 70. En fin.

Y ahora estamos en que, como se produjeron veinte casos de trombos con cuatro fallecidos por la AstraZeneca, y ni la Comisión de Salud Pública, ni el Consejo Interterritorial, ni las autonomías llegan a un acuerdo, y como tampoco nos gusta el ensayo del Instituto Carlos III porque «no permite comparar la eficacia y la seguridad a largo plazo de las dos alternativas», pues se adopta la decisión más práctica. Y la habitual. Escurrir el bulto. Esconderse. Trasladar la decisión y el compromiso al propio afectado que, para recibir una segunda dosis, debe firmar lo que han dado en llamar un consentimiento informado. Otra vez, solos ante el peligro.