La obsesión insurreccional de ERC

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

David Zorrakino | Europa Press

23 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Aragonès dejó bien claro antes de ayer que su gran objetivo como presidente catalán será la secesión mediante un referendo: pactado si el Gobierno acepta el chantaje de los separatistas, y convocado unilateral -e ilegalmente- en caso de que no haya un pacto con Madrid. Es decir, y para no andarnos con rodeos, dado que Sánchez no podrá acordar un referendo salvo que optase por suicidarse, colocándose fuera de la ley, los secesionistas amenazan con declarar otra vez por las bravas ese dislate de la República catalana independiente. Un ultimátum para tomarse muy en serio.

Y no solo por el gravísimo precedente de octubre del 2017, cuando el Gobierno de la Generalitat, del que ERC formaba parte, proclamó la República catalana, como «Estado independiente y soberano», tras un esperpéntico referendo delictivo, sino porque la tradición insurreccional forma parte del ADN de un partido que siempre ha hecho lo mismo en cuanto ha tenido en sus manos el poder: declarar la secesión de Cataluña.

Lo hizo ERC el 14 de abril 1931, cuando, recién proclamada la Segunda República, Francesc Macià, fundador y líder del partido, proclamó el Estado catalán, en abierta rebelión contra el Gobierno provisional republicano. Tras un tira y afloja de tres días entre los insurrectos y el Ejecutivo nacional, que envío una delegación a Barcelona para intentar frenar aquel desatino que apuñalaba por la espalda a la recién nacida República española, los insurrectos cedieron en sus pretensiones a cambio de un Estatuto que se redactó -gran disparate- antes que la Constitución que lo legitimaba y debía servirle de soporte.