La tristeza poscoital del 15M

César Casal González
césar casal CORAZONADAS

OPINIÓN

EMILIO RELOVA

16 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Los lemas eran hermosos. Recordaban a aquellos que buscaban la arena de las playas debajo de los adoquines del París del 68, que pedían hacer el amor y no la guerra. Todo vuelve. Juventud sin miedo, sin curro, sin casa, sin pensión... O lo llaman democracia y no lo es. O no somos mercancías en manos de políticos y de banqueros. O que no, que no, que no, que no nos representan. O no es una crisis, es una estafa. Lo que pedía el 15M era incontestable. Nadie se podía oponer, aunque los odiadores pronto se pusieron en contra de aquellos chavales que soñaban en voz alta por tirarse acampados casi un mes en el kilómetro cero de España.

 Celebraban asambleas abiertas, como si se pudiese retroceder a Atenas. Le daban la palabra a todo el que se pasaba por allí. La mayoría de los que participaron lo hicieron con una inocencia a prueba de engañadores. Estoy seguro de que les explotaba el corazón. Lo que vino después es tan triste que, para aquella ilusión gigante, mágica, se parece a sentir una inmensa tristeza poscoital.

Los números son crueles con lo sucedido. El bolsillo siempre es la clave de todo. Cuando están vacíos llegan las protestas. Y una de las bengalas que incendió la Puerta del Sol era que España llegaba casi a cifras del 50 % del paro juvenil. ¿Qué sucede hoy? ¿Qué nos dicen las estadísticas después de que de aquella plaza saliese un movimiento como Podemos que cristalizó y aún cristaliza aquella rabia con sillones en un Gobierno de coalición y escaños en el Congreso? Que el paro juvenil en España sigue siendo el más alto de la Unión Europa. Descendió, pero está en casi el 40 %, nueve puntos por encima del siguiente país catastrófico para sus jóvenes, Italia.