Pacientes y clientes

Ignacio Bermúdez de Castro
Ignacio Bermúdez de Castro PASOS SIN HUELLAS

OPINIÓN

J. M. CASAL

10 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Un paciente de un médico o un psicólogo, por muy impaciente que sea, suele acabar, la inmensa mayoría de los casos, bien con los facultativos que lo han atendido. Aunque eso no quite que en ocasiones a algún enfermo se le escape un improperio, o incluso se le vaya la mano, esto no deja de ser una excepción.

Sin embargo, un cliente de, pongamos por caso, un despacho de abogado queda descontento muchas más veces. Presumo de tener mucha suerte con mi cartera de clientes. Gente correcta e inteligente que sabe que los resultados que vaya a obtener en el juzgado no dependen necesariamente del buen hacer del letrado. No obstante también existe esa minoría que criminaliza al profesional hasta por la lentitud de la Justicia y por el hecho de que el juez no les dé una razón que ellos, sin duda, creen poseer. Como si no existiera un contrario que también litiga para salirse con la suya. Y una vez dictada una sentencia desfavorable para sus intereses entramos en la dinámica de los insultos, amenazas, descalificaciones, etcétera. Nadie se atreve a ir a protestarle al juez de turno, a pesar de que como humano que es cabe la posibilidad de que haya errado. Con su toga y sus puñetas impone. Es mucho más fácil decir que el abogado se vendió o que es un mal profesional.

Pocos meses atrás me contaban, atónito me quedé, que uno de los más prestigiosos letrados gallegos se había vendido por una ración de churrasco. Y según parece aún encima pidió postre. Ya Quevedo se metía con nosotros. Y que nadie me salga con aquello de que cuando el río suena agua lleva. Somos profesionales tan honestos como el que más. Lo malo para el cliente es que es un tercero el que decide.