Jugué mi corazón al azar

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

Ueslei Marcelino

Mucho antes de que el escritor colombiano Gabriel García Márquez narrase la vida de la familia Buendía o relatase la peripecia del ahogado más hermoso del mundo -que tenía cara de llamarse Esteban-, otro escritor de aquel país caribeño, José Eustasio Rivera, escribió una obra cuya lectura aún hoy conmociona a quien se acerca a ella. Se titula La vorágine y su principio, como el de El Quijote, se recita de memoria por gente que nunca ha abierto sus páginas: Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia. Se narra la huida por la selva amazónica de una pareja de amantes que van a dar de cabeza al infierno creado en torno a la explotación del caucho. Van al corazón de las tinieblas.

Hace poco más de un siglo recorrió aquellas tierras Roger Casement, el cónsul británico que había investigado las matanzas del Congo, y que Vargas Llosa hace protagonista de El sueño del celta -y que, por cierto, había conocido y aconsejado a Conrad cuando este remontó el río Congo para escribir su famosa obra-. Casement de nuevo encuentra aquí el horror que había visto en África, pero cambia el nombre de Leopoldo II de los belgas por el de los Hermanos Arana y la Peruvian Amazon Company. Hoy Colombia ha pasado por las hecatombes de los cárteles de la droga y la larguísima guerra civil. Yo visité el Hay Festival de Cartagena de Indias poco antes de la pandemia, en enero del 2020, y se respiraba paz y cultura. Pero contra la vorágine no existe vacuna.