Cómo prostituir un proceso electoral

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

DAVID CASTRO

30 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Si por algo deseo que el día 4 sean derrotados quienes explotaron electoralmente las cartas con balas y las amenazas que contenían, es porque prostituyeron la campaña electoral.

Habrá quien me replique: los culpables no han sido ellos, sino quienes enviaron esas cartas y les tendré que responder que es cierto, faltaría más. La causa produce un efecto y sin esos envíos no habría el efecto de la reacción. Pero, como recordó la «maldita hemeroteca», hace dos años Pablo Iglesias no quería airear las amenazas que recibía, no quería lloriquear (expresión textual del líder de Podemos) y pensaba que presumir de amenazas era engrandecer a su autor.

Ahora, con un derecho que no voy a discutir, el señor Iglesias cambió de actitud, mostró un desconocido victimismo, utilizó la invocación al fascismo como factor de miedo y llegó a reprochar a la Casa Real que no dijera una palabra sobre estos sucesos. Como dijo Pablo Echenique en anterior ocasión, pero refiriéndose al Gobierno de Sánchez e Iglesias, se supone que quienes gobiernan están en contra de la violencia y no necesitan decirlo. La exigencia a la Casa Real, por lo visto, es distinta. Pelillos a la mar, por aquello de que todo está permitido en campaña electoral, una de las grandes aberraciones de este tiempo.

Pero digo que deseo la derrota de quienes introdujeron el factor miedo en esta campaña para que sirva de lección de futuro. Por lo que dijeron las últimas encuestas publicadas, la hipérbole en el discurso no produce votos suficientes para cambiar el signo de unas elecciones, primera consecuencia negativa de la técnica del miedo. Segunda consecuencia, ese discurso falsamente emotivo lo único que consigue es ocultar el debate de las ideas y de las propuestas.

Aquí estamos todavía en los efectos trágicos del coronavirus, y ni en el debate ni en los mítines hemos escuchado un examen solvente de la gestión de la pandemia. Aquí estamos en una crisis económica con los datos que ayer nos dejó la EPA, con 137.000 empleos destruidos el primer trimestre, y no se oyó ni una iniciativa de recuperación, salvo que todos acepten el documento que aprobó el último Consejo de Ministros y hoy debe llegar a la Comisión Europea. Y aquí existe una población escolar y universitaria perjudicada por los confinamientos y la educación a distancia, y no parece que eso inquiete a unos partidos enfrascados en una confrontación negativa y endogámica.

Los ciudadanos tienen todos esos problemas y la sanidad, la formación, el transporte o la calidad de vida se despachan con bocinazos y descalificaciones condenadas al silencio informativo porque se creó un ambiente de «gran política» y grandes palabras alejadas de las necesidades de la población que, encima, adulteran un proceso electoral. Que todo eso reciba el castigo del electorado podría ser una importante lección para que no se vuelva a repetir.