La señora presidente

Francisco Ríos Álvarez
Francisco Ríos LA MIRADA EN LA LENGUA

OPINIÓN

JUANJO MARTIN

17 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El género de un sustantivo ha vuelto a estar en el debate político. Durante una sesión de una comisión del Congreso, un parlamentario de Vox se dirigió a la diputada que ejercía la presidencia como «señora presidente», lo que provocó la inmediata reacción de la interpelada, que calificó de irresponsable el trato de que era objeto como mujer. Se quejó también de «desprecio absoluto» hacia ella por parte de quien la había llamado presidente.

Son dos las posibles razones que pudieron mover al diputado involucrado en el rifirrafe: que crea que presidente es la mejor forma de nombrar a una mujer que ostenta una presidencia o que su intención fuese irritar a su compañera.

Muchos nombres de persona acabados en -nte, la mayoría de los cuales proceden de participios de presente latinos, carecen de variante en -a (cantante, combatiente, viajante...), por lo que suelen ser comunes en cuanto al género (el/la concursante, el/la delincuente, el/la simpatizante). Pero los hay que tienen flexión de género, como regente/regenta, dependiente/dependienta, cliente/clienta, sirviente/sirvienta, intendente/intendenta... y presidente/presidenta. En algunos de estos últimos casos, la forma terminada en -nte también es admisible para el femenino. Así, la última edición del Diccionario dice en la entrada presidente que «algunas veces» se usa presidente para el femenino. Aunque lo más frecuente y recomendable es el empleo de presidenta.

  

Este femenino no es una novedad perpetrada por personas poco cuidadosas con el idioma. Se documenta por primera vez en la traducción de 1448 del Llibre de les dones (Libro de las mujeres), de Francesc Eiximenis, con el que fueron educadas las hijas de los Reyes Católicos. Y sor Juana Inés de la Cruz ya lo usaba en 1689: «Presidenta del Parnaso, / cuyos medidos compases / hacen señal a las Musas / a que entonen o que pausen». Tal ha sido su uso que la Academia lo incorporó al Diccionario en 1803. Entonces definía así este sustantivo femenino: «La muger del presidente, ó la que manda y preside en alguna comunidad». Siglos después, no tiene sentido ignorar esta forma, preferida por los hablantes y evidencia de que las mujeres también presiden. Como tampoco tiene sentido que algunas médicas se refieran a sí mismas con el masculino médico, lo que gramaticalmente no es aceptable.