Prevenir y curar


El refrán dice: más vale prevenir que curar. En la pandemia provocada por el coronavirus, la prevención debería empezar por ayudar a transformar los mercados de los países en los que aparecen los brotes, probablemente por zoonosis, para maximizar las medidas de higiene. Cuando el virus ya circula, la prevención ha de basarse en: el uso de la mascarilla, guardar la distancia de seguridad y la higiene. La ventilación (con corrientes de aire) de locales cerrados es básica. Las vacunas son la prevención por antonomasia: generan un mecanismo de defensa inmunitaria que se enfrenta con éxito a los ataques del coronavirus.

Forma parte de la prevención el apoyo a la investigación científica, sin la cual no hubiese sido posible la fabricación de vacunas en un tiempo tan corto. Los trabajos previos sobre el ARN facilitaron la aparición de las vacunas de Pfizer y Moderna. Para seguir las mutaciones del virus se ha usado la vigilancia genómica, que podría ser el mayor legado científico de la pandemia (La Voz, 21-3).

Pese a todas las prevenciones, si alguien enferma, ¿cómo se cura? Ahí está todavía el talón de Aquiles. Apenas se dispone de tratamientos efectivos contra el covid-19. Esta enfermedad tiene dos fases: una primera viral y otra de reacción inflamatoria exagerada. En la primera fase es efectivo el antiviral remdesivir y, en la segunda, la dexometasona, un antiinflamatorio.

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