Las aldeas galas

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

Isabel Infantes | Europa Press

10 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

De repente España se llena de aldeas galas que de costa a costa escriben un nuevo tomo de las aventuras de Asterix y Obelix, y en este caso los romanos invasores -esos romanos están locos- no son otros que los osados madrileños que huyen despavoridos y en desbandada hacia las ciudades, las aldeas galas del litoral y del interior del país, escapando de Madrid. Mientras Panoramix, el druida creador de la poción mágica en la que de niño se sumergió Obelix y adquirió sus poderes mágicos, estudia fórmulas secretas para elaborar la vacuna definitiva que ahuyente la pandemia incesante.

Desde el campamento romano de Petibonum/ Madrid, perimetrado y confinado, del que es prácticamente imposible salir, la primera dama Karabella/Ayuso aprovecha la coyuntura para convocar elecciones autonómicas y ficha al bardo Asuranceturix/Cantó para reforzar las listas electorales. Vox, el único y real nombre latino de este artículo, apoyaría la candidatura si fuese menester arrimar el hombro.

España es en sí misma una gigantesca aldea gala con la movilidad restringida, con un global toque de queda que prohíbe el deambular nocturno, con la mitad de la hostelería clausurada y con un oasis en el centro del país, el conocido y reconocido oasis Madrid, al que acuden a festejar la vida prohibida en París cientos de jóvenes franceses para disfrutar de las buenas y baratas cervezas de los bares del centro madrileño, mientras degustan un bocadillo de calamares y ven en la televisión al presidente Sánchex decretando el fin previsto del estado de alarma y anunciando el enésimo espejismo de la luz al final del túnel, que llegará cuando, durante o a la conclusión del verano, el setenta por ciento del país esté colectivamente vacunado.

Recientemente un galo rebelde y disidente, Iglesiex, dimitió de la vicepresidencia gubernamental para ponerse al frente de la candidatura de Podemus populum para ganar Madrid tras la pancarta ajada y viejuna del no pasaran como grito de guerra, y nunca mejor dicho, de un pasado bélico. Y el candidato del partido socialista, sosoman Gabilondix, se mira sin reflejarse en el espejo del azogue perdido, del viejo profesor Tierno Galván, para elaborar un mensaje que aburre literalmente a las ovejas.

Definitivamente, querido Obelix, admirado Axterix, la vieja Hispania romana se ha vuelto loca, y más que nunca es ahora cuando a sus habitantes -esos romanos- los están, nos están, volviendo locos.