En negrita


Era imposible no arquear la ceja en un leve gesto de sospecha, porque por enésima vez vendían lo mismo bajo el mismo eslogan. Hace veinte años una columnista aporreaba las teclas en un eterno exorcismo amoroso (afrontémoslo, todo giraba en torno a los hombres por mucho que las etiquetasen como empoderadas) y hoy una redactora de una revista en la que poco hay que rascar para ver un trasunto de la biblia de la moda que tiene un apartamento cuqui en Brooklyn, aquel barrio denostado cuyo futuro Charlotte predijo tan bien: hoy es el nuevo Manhattan.

Quizá haya avanzado la tecnología y se ligue en las aplicaciones y no en las ferias de muebles. Puede que siga siendo imposible que las cifras cuadren para pagarse un apartamento (sí, sí, era renta antigua, lo recuerdo) escribiendo como novata en una revista o triunfando con una columna a la semana. Puede que los veinte sean los nuevos treinta y que todo gire sobre con quién acaban yéndose a la cama. Pero sigue siendo un pequeño soplo de aire fresco ver como se trata con total naturalidad la homosexualidad, la congelación de óvulos, el conocimiento de propio cuerpo y el cáncer ginecológico y de mama. No, lo siento. Por mucho que lo repitan el feminismo no está en portada. Pero es audaz como The bold type escribe con negrita algunos de los dilemas de la generación millennial.

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