Sulfitos, no solo en el vino


En la industria alimentaria es habitual el uso de sulfitos, porque inhiben el crecimiento de bacterias, mohos y levaduras, conservan el color de los alimentos y actúan como antioxidantes. El más significativo es el sódico (Na2SO3) que figura como E-221 en la lista de aditivos. En personas sensibles, una ingesta excesiva de sulfitos puede provocar: náuseas, dolor de cabeza, problemas digestivos y cutáneos o asma. Por eso es obligatorio incluir los sulfitos en la lista de ingredientes. Se puede comprobar que las botellas de vino y cava llevan la expresión: contiene sulfitos. Los sulfitos impiden que el vino se avinagre por la oxidación del etanol a ácido etanoico, el principal componente del vinagre. Los fabricantes de vinos tratan de disminuir la concentración de sulfitos. En los vinos blancos, los sulfitos se han reducido en un 16 % desde 2006 a 2020.

Se ha establecido una ingesta diaria admisible de 0,7 mg de sulfito al día, por kg de masa corporal. Un adulto de 70 kg no debería ingerir más de 49 mg de sulfito al día. Pero las listas de ingredientes no indican la cantidad de sulfitos y que los sulfitos están en muchos alimentos: vino, frutas secas o deshidratadas (no frutos secos), salsas, productos cárnicos, puré de patatas, etcétera. Además, en el consumo, se produce el efecto suma de sulfitos.

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