A dónde


la voz

Es curiosa la relación con las listas. Un día es tan importante que debe ser incluido — a veces incluso en mayúsculas y con doble subrayado— bajo el título de importante y con el tiempo, ese nombre, aquel título, una idea ingeniosa, aquella necesidad que creías que tenía que ser satisfecha por encima de todo... se va emborronando hasta convertirse en una mancha ilegible en el último rincón de la memoria.

¿A dónde va lo que no se ve? Aquel documental con título interesante que se incluye en la lista porque ahora no, pero seguro que luego lo veo. La recomendación peregrina de un compañero que aunque sabes que no, incluyes por compromiso. La primera temporada de la serie que venden como un icono generacional y no es más que otro folletín con tintes dramáticos y demasiadas escenas de cama.

Un día, desaparecen de la cabecera. Ya no está esa miniserie que un día marcaste porque era intelectualmente motivadora. Ni el placer culpable, ni la película que aportaba otro punto de vista a una trama mil veces contada ¿A dónde se van los capítulos prometedores que al final nunca acabas? ¿Qué pasa con esas listas interminables de títulos para después, mañana, cuando termine lo que ahora tengo entre manos, ahora no, que tengo la cabeza muy ocupada? Tantas expectativas para terminar por sistema reproduciendo una vez más la misma historia.

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