El separatismo, hacia otra debacle

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Alberto Estévez

26 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hoy comienza en el Parlamento catalán el debate de investidura del candidato de ERC, Pere Aragonès, que tratará de obtener el voto favorable de la CUP y de Junts per Catalunya.

Es esa una confluencia destructiva para el futuro de las relaciones entre Cataluña y el Estado-nación del que aquella forma parte desde hace muchos siglos y para la propia estabilidad política de España: un partido republicano e independentista, que nada tiene que ver con la fuerza pragmática y moderada que Sánchez pretendió vendernos como futuro aliado de quien iba a ser el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; una fuerza antisistema, que ha apoyado las últimas acciones de terrorismo urbano que tuvieron lugar en Cataluña; y un partido secesionista, que está empeñado en forzar por todos los medios a su alcance una declaración unilateral de la independencia.

Sea investido hoy Aragonès -lo que parece poco probable-, lo consiga el próximo martes en segunda votación, o en el plazo de dos meses que se abrirá a partir de entonces, lo cierto es que, pese a las malas relaciones entre los futuros miembros de esa sociedad separatista -hace dos días Junts proclamaba que los perros son más fieles que ERC-, el futuro está ya escrito: habrá gobierno secesionista, pues, al margen de sus diferencias, lo que une a los tres socios es lo que constituye su objetivo político esencial: la independencia. La CUP y ERC lo dejaban bien claro al comprometerse a «preparar las condiciones necesarias a lo largo de la legislatura para realizar un nuevo embate democrático, preferentemente en forma de referendo», acuerdo que podría servir también a JxCat, al no cerrar la puerta a una eventual declaración unilateral de independencia.