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Ley de la eutanasia: un laberinto con paradojas

Rosendo Bugarín PUNTO DE VISTA

OPINIÓN

María Pedreda

26 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La Ley recientemente aprobada de regulación de la eutanasia recoge en su disposición adicional primera que la muerte, como consecuencia de la prestación de ayuda para morir, tendrá la consideración legal de «muerte natural» a todos los «efectos», independientemente de la codificación realizada de la misma.

Tendremos que preguntarnos, por tanto, qué se entiende por «muerte natural» ya que dicha norma no define este término. Independientemente de que su significado admita varias acepciones, desde el punto de vista médico-legal, de forma simplificada, se considera muerte natural a aquella derivada del envejecimiento o de enfermedades (como por ejemplo el cáncer, los problemas cardiovasculares o las infecciones), en contraposición a la muerte violenta, que se produce como consecuencia de acontecimientos de esta índole (traumatismos, intoxicaciones, etcétera), ya sean estos de naturaleza accidental o voluntaria (agresiones o suicidio).

La muerte natural compete a la asistencia sanitaria y somos los médicos asistenciales los que tenemos que certificar (dar fe) sus causas. Por el contrario, la muerte violenta siempre es judicial, la investigan los médicos forenses y habitualmente requiere autopsia.

A continuación, procede reflexionar a qué «efectos» se refiere la mencionada disposición. La muerte natural compete a la asistencia sanitaria y somos los médicos asistenciales los que tenemos que certificar (dar fe) sus causas. Por el contrario, la muerte violenta siempre es judicial, la investigan los médicos forenses y habitualmente requiere autopsia.