Eutanasia, un nuevo derecho civil


Esta ley incorpora un nuevo derecho que podrán solicitar personas que se encuentren en situaciones de sufrimiento insoportable sin posibilidades de alivio con los conocimientos disponibles en la actualidad. El argumento que utiliza una parte de la derecha para oponerse es que si la persona tuviera acceso a los cuidados paliativos no sería necesaria, pero ambos, eutanasia y cuidados paliativos, son complementarios, no alternativos. Ni siquiera los cuidados paliativos sirven para aliviar algunas dolencias y la única expectativa es pasar un calvario hasta la muerte. En esas situaciones se puede solicitar ayuda para morir.

Fue necesaria una nueva ley orgánica que se asienta en tres leyes vigentes que rigen nuestra convivencia, poniéndolas en consonancia, para definir cómo y en qué situaciones de la persona se puede solicitar la eutanasia.

La primera es la propia Constitución Española, que incluye derechos fundamentales para la condición humana: el derecho a la vida vinculado a la dignidad de la persona, a su integridad física y moral, al libre desarrollo de la personalidad, a la intimidad y la propia imagen y la libertad individual, su ideología, sus creencias y valores sobre la vida y la muerte. Esta ley es muy garantista para asegurar que exclusivamente la persona afectada decide.

La segunda es la Ley de Autonomía del Paciente, basada en el nuevo paradigma del papel del paciente y cuya decisión prevalece siempre para recibir o rechazar tratamientos en determinadas circunstancias. En la eutanasia se da una nueva dimensión que alcanza a solicitar ayuda para acabar con una vida sin vida ni dignidad.

La tercera es la modificación del Código Penal, que sanciona la ayuda al suicidio con penas de cárcel. En adelante, si esa ayuda a morir se realiza según lo regulado en la ley, deja de tener sanción penal. Para ello se añade un nuevo apartado 5 al artículo 143 del Código Penal.

Estamos ante un nuevo derecho que surge de la empatía con la condición humana y la compasión con las personas que les tocó vivir su última etapa con un sufrimiento insoportable. Por eso, como sociedad, debemos adaptar nuestras reglas de convivencia, nuestras leyes, para permitirles decir: hasta aquí he llegado con el sufrimiento insoportable.

Por Luisa Carcedo Diputada por Asturias y secretaria de Sanidad del PSOE

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