Por fin la eutanasia es ya un derecho

Ascensión Cambrón, Presidenta en Galicia de la Asociación por el Derecho a Morir Dignamente OTRA MIRADA

OPINIÓN

J. Casares

19 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Este 18 de marzo la ciudadanía en general, y especialmente el colectivo agrupado en torno a la Asociación por el Derecho a Morir Dignamente (DMD), estuvo de enhorabuena, porque en esta fecha el Parlamento aprobó la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE). Para la asociación, que lleva 36 años luchando por la regulación de la eutanasia, su aprobación es motivo de satisfacción, porque este paso supone el reconocimiento de un nuevo derecho individual que permitirá a las personas enfermas elegir el momento de morir con dignidad y seguridad, acompañados de sus seres queridos. Esta oportunidad no la han recibido personas como Ramón Sampedro o María José Carrasco, que han tenido que morir en la clandestinidad.

Para la DMD el contenido de la ley resulta mejorable, adolece de excesiva burocracia, mantiene algunas ambigüedades -le falta definir la extensión y condiciones de la objeción de conciencia profesional-, y carece de las precisiones necesarias de la Comisión de Garantía y Evaluación. A estas se han de añadir insuficiencias relativas al universo de usuarios que, en la versión actual, excluye a las personas que padecen sufrimiento de origen psicológico. No obstante, es de prever que estas lagunas sean subsanadas con el tiempo, de modo similar a lo ocurrido en Bélgica y Holanda.

Frente a determinadas opiniones y libelos, que auguran que la ley será la navaja de Ockham para nuestros mayores y enfermos terminales, en el Parlamento ha influido más la opinión favorable de la población en favor de la regulación de la eutanasia, por lo que nos felicitamos. Esta decisión colectiva manifiesta una apuesta humanitaria por cuanto contribuirá a disminuir el sufrimiento de muchas personas que podrán ver atendida su demanda de ayuda a morir, respetando su libertad y dignidad. Pero también la aprobación de la LORE es un triunfo colectivo, incluso para aquellas personas que no piensan ejercer el nuevo derecho. Una sociedad que dispone de este recurso, que reconoce el valor de la autonomía de la persona para decidir cuándo no quiere seguir viviendo, ha dado un paso significativo a favor de la libertad y contra el paternalismo, que contribuye a mantener las diferencias de trato también en el ámbito sanitario.