Si esto es una mujer...

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

Jorge Zapata

09 mar 2021 . Actualizado a las 08:52 h.

Dos machos, que se creían a salvo de micrófonos o miradas delatoras, se dedicaron a insultar a actrices y cantantes que desfilaban por la alfombra roja de los premios Goya. Si una era «un putón verbenero», «esta cobra» y la otra es «puta, puta, seguro, porque va llena de tatuajes». Les confieso el primer sentimiento que me asaltó al escuchar el rosario de ultrajes machistas: la vergüenza. Me avergüenzo de ser hombre.

Porque somos los hombres, todos los hombres, los que aquellos zafios comentarios colocan en la picota, la columna donde se exponían públicamente las cabezas de los ajusticiados. Lo somos por una cuestión de probabilidad estadística. Si el machismo solo fuese residual, cosa de dos o de cien mil machos alfa, cuesta creer que el azar los juntase ante un micrófono aparentemente apagado. Más plausible, y menos exculpatoria, parece la explicación de la actriz Marta Nieto: «Son la muestra [representativa] de la sociedad en la que vivimos». Lo somos también por antecedentes probados: que levanten la mano, entre los lectores de cierta edad, quienes nunca utilizaron la expresión «putón verbenero» -siempre una mujer, jamás un hombre-, la acogieron con risueña benevolencia o simplemente la aceptaron en silencio para no desentonar en la rueda de cofrades.

Los más ingenuos piensan que el machismo está a punto de ser erradicado. La mujer, conquista a conquista, va equiparando sus derechos a los del hombre. Persiste el maltrato y la violencia de género se cobra cada año decenas de vidas, pero esta tragedia indigna por igual a las víctimas y a la mayoría de nosotros los hombres. Pero lo que ponen de manifiesto los insultos de los Goya es la pervivencia del machismo soterrado, apenas enmascarado por el lenguaje políticamente correcto, que aflora en cuanto te crees a resguardo de miradas u oídos ajenos. El putón verbenero, que el diccionario define como «mujer de comportamiento promiscuo y de indumentaria zafiamente provocativa», sigue ahí, latente, incluso después de que hayan desaparecido las verbenas. En cuanto hallamos un resquicio, a los hombres nos vuelve a crecer el pelo de la dehesa. La mentalidad retrógrada digna de otro siglo. Y la ocultamos disparando a otros culpables. Como hacen los políticos: el PP culpa de los insultos a «la RTVE de Rosa María Mateo y Enric Hernández». O como hace RTVE: abrirá una investigación para descubrir a los dos «comentaristas» de la alfombra roja. Y así nos quedamos todos muy tranquilos.