Infantas vacunadas, corona contaminada


Elena y Cristina de Borbón son hermanas del rey Felipe VI, hijas del rey Juan Carlos I y, por tanto, infantas de España. Pero cuando el actual monarca hizo cambios en la Corona y su entorno, una de sus primeras decisiones fue delimitar lo que era la familia real, que quedó reducida al matrimonio Felipe y Letizia y sus hijas Leonor y Sofía. Elena y Cristina siguen siendo sus hermanas, pero inexistentes a efectos de encomienda institucional. No representan a los reyes en actos oficiales ni perciben salario público. A efectos prácticos, se pueden considerar ciudadanas normales, aunque distinguidas por linaje, que hacen su vida por su cuenta. Están obligadas por parentesco a guardar las formas, pero es injusto cargar sobre la Corona cualquiera de sus actos. Solo le faltaría al abrumado y por el momento ejemplar rey Felipe que cualquier desliz de ellas o de sus hijos afectara a la estabilidad de la monarquía.

 Ocurre, sin embargo, que el monarca sufre el castigo de reinar en una etapa en la que Unidas Podemos, los independentistas y algunos medios que se alimentan del vértigo institucional se levantan cada mañana con el fusil cargado para disparar sobre él y la institución que representa. ¡Hasta se llegó a cargar en la cuenta de la Corona algunas andanzas festivas de Froilán y de su hermana, como si estuviesen condenados a llevar una vida monacal con votos de pobreza y castidad por ser sobrinos de quien son! Ahora, las infantas han provocado un escándalo muy aireado por la prensa y los republicanos porque fueron a ver a su padre a los Emiratos y aprovecharon el viaje para vacunarse.

¿Error? Sin duda. Después de todo lo ocurrido con quienes se saltaron el orden de vacunación en España; después de la sensibilidad demostrada por el abuso de posición y privilegio de modestos alcaldes, de apostólicos obispos o de un poderoso jefe del Estado Mayor de la Defensa; y mientras personas de alto riesgo esperamos calladamente el turno de vacunación, escandaliza que dos señoras -y al parecer el exdirector del CNI, todo un hombre de Estado- están ya inmunizadas. No sabemos en qué condiciones lo hicieron: si estaban allí el día que su padre se vacunó y fueron invitadas a hacer lo mismo; si fue un obsequio de quien da hospitalidad al emérito, porque en Emiratos no existen las mismas normas que aquí; nada de eso sabemos. En cualquier caso, disfrutaron de un privilegio que merece ser criticado y hasta repudiado. Y, si lo disfrutaron, lo menos que pudieron hacer fue practicar la inteligencia de la discreción. No la practicaron y suya es la responsabilidad. Lo que me parece injusto es que se cargue en la cuenta del rey. Felipe VI no es el guardián de sus hermanas. Felipe VI no las puede recluir en un convento. Y la estabilidad de España y su sistema político no puede depender de la vacuna de quienes no forman parte de la familia real.

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