Réquiem por los pactos de Estado


A fecha de hoy, el Partido Popular sigue dispuesto a no facilitar la renovación del Consejo General del Poder Judicial. A diferencia de los bloqueos anteriores, seguramente tiene razón. Todo indica que Pablo Casado fue llevado al intento de acuerdo por un error de Pedro Sánchez. El presidente creyó que podía convencer a Pablo Iglesias de que retirase la candidatura del magistrado José Santiago de Prada, el líder de Podemos no cedió y se deshizo todo lo hablado. Ahora estamos en una batalla de imagen en la que Sánchez y Casado tienen que demostrar quién es el malo de la película y quién abortó el pacto más breve de la historia.

Como siempre ocurre, estas batallas se ganan por simpatía: para los simpatizantes del PP, el bueno será Casado. Para los simpatizantes del actual Gobierno, el bueno, el generoso y el patriota será Pedro Sánchez. Para los neutrales, lo único que queda claro es que en el actual panorama político los acuerdos que merezcan el nombre de pactos de Estado son prácticamente imposibles. Lo dejó ver Pablo Iglesias en el Congreso: las grandes cuestiones de la gobernación se negociarán con los partidos que forman el bloque de investidura. A los conservadores, ni agua. La indelicada manera en que se expulsó a Ciudadanos del consenso de los Presupuestos fue la primera muestra de esta actitud. Es la servidumbre que tiene una coalición de gobierno: hay que pasar toda la legislatura en un dificilísimo equilibrio en el que ganan los intereses -también los caprichos- del socio frente a las necesidades de consenso en los grandes asuntos de Estado.

Esta realidad, si se sigue confirmando, es una mala noticia para el país. Un horizonte de enfrentamiento constante, a veces a vida o muerte política, no es la mejor perspectiva para afrontar todas las crisis que tenemos abiertas. Si no hay acuerdos ni esperanzas de acuerdo, habrá confrontación. Y desde la confrontación será muy difícil que no haya conflicto cuando sean inevitables medidas de dureza para afrontar el endeudamiento público o el aliento a los inversores; cuando sean precisas medidas de gran flexibilidad para Cataluña o para evitar la crisis social hacia la que caminamos de forma acelerada, o cuando sean urgentes medidas de largo alcance para resolver la crisis de régimen que están provocando los nacionalismos y la izquierda populista.

La situación del país es de emergencia y se puede agravar desde actitudes políticas autosuficientes que llevan a la creencia de que uno de los bloques se considera no solo capacitado, sino legitimado para imponer sus criterios a la otra mitad de la sociedad. Se entiende la mayoría parlamentaria como un cheque en blanco, no solo para gobernar, sino para excluir. Y creo que estamos ya al borde de ese precipicio. Lo del Consejo General del Poder Judicial, con ser muy grave, es solo un prólogo de lo que puede llegar.

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