El riesgo de alquilar un piso


Años atrás, quien tenía un piso para alquilar tenía un tesoro. Hoy en día lo tiene o no. Evidentemente mejor es ser propietario, pero que nadie se crea que estos están exentos de riesgos. Arrendar una vivienda en España es como jugar a la lotería. Los dueños exigen avales bancarios que las entidades financieras no siempre conceden, y muchos acaban por alquilar sin más garantía que una fianza por uno o dos meses y una, no siempre cierta, apariencia de buena gente. A partir de ese momento empieza el partido. Como le toque un inquilino marrullero, el dueño lo lleva claro, y que no le denuncien por coacciones si dice que esa boca es suya. Los recursos procesales para eternizar un desahucio resultan incontables y las perrerías a que el mal pagador puede acudir son legión. Por eso es conveniente que, al alquilar una vivienda, cuando menos los servicios (electricidad, agua, etcétera) estén a nombre de los que ya se empiezan a conocer como nuevos okupas. En principio que les reclamen a ellos. Pero como la caradura de alguno no tiene límites, es posible que el indignado moroso, cuando vea que le cortan el agua o la luz, de rienda suelta a su mancillado honor y, en determinados casos, destroce la vivienda. Lo peor de todo esto es que buena parte de nuestros legisladores lo ven como un problema menor que no requiere atenciones especiales. Problemas, lo que se dice problemas, son otros. Me parece muy bien que la hija menor de mis vecinos se acueste Guadalupe y se levante Julio José. Sin duda alguna es importante, por lo que dedíquesele largas jornadas de debate legislativo. Pero, si no se arregla el tema de los okupas, muchos ancianos que necesitan de esa renta para comer a partir del día 10 de cada mes pueden reparar en que se está dando con ellos un inmenso agravio comparativo.

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