Trenes a rebosar de gente


El tren de los viernes va lleno de gente

Todos los viernes el tren media distancia (línea Vigo-A Coruña) va totalmente lleno, donde es imposible mantener la distancia de seguridad. No se trata de algo inesperado, es el tren de los viernes, en el que muchos gallegos nos movemos por el eje atlántico para volver a casa el fin de semana. Por lo visto, Renfe desiste de proporcionar unas mínimas medidas de seguridad a sus viajeros en forma de más plazas, y no solo no provee de más frecuencias o más vagones, sino que al contrario, elimina trenes (por ejemplo, el de Pontevedra-Santiago de las 14.0 que existía hasta el primer confinamiento). Esto no es solo peligroso para todos, sino una grave irresponsabilidad por parte de la compañía en nombre del ahorro, y por parte del gobierno, que lo permite. Además, es una falta de respeto para otros sectores (no subsidiados por dinero público) que se ven obligados a cierres prolongados mientras en el tren podemos seguir sentados, codo con codo, durante horas. Algo debe haber en el vagón que impide el contagio del coronavirus y los directivos de Renfe lo saben. Y la solución no es, ya me adelanto, vender la mitad de los asientos y dejar a nuestra comunidad con un servicio de tren si cabe aún más precario del que tenemos. La solución parece fácil, al menos a simple vista. Se trata de aumentar las frecuencias y el número de asientos por tren, añadiendo vagones. Clara Domínguez. Vigo

Maltratados centros de estética 

Las nuevas restricciones tras la mala progresión de la pandemia covid-19 nos obligan a cerrar temporalmente los centros de estética, al estar catalogada como una profesión de contacto y, por consiguiente, de riesgo. Quiero recordar, sin embargo, que los profesionales de la belleza estética ya utilizaba mascarillas muchísimos años antes de su normalización, por no hablar de la cantidad de protocolos de desinfección que integramos a diario en cada servicio que ofrecemos. En segundo lugar, nuestra actividad puede regularse y reducir su riesgo atendiendo a una clienta de forma personalizada y solo entrando en cabina con un profesional. Frente a nuestro cierre, el transporte público sigue abierto, y el hacinamiento en los vagones no se considera un riesgo. Entiendo la prioridad sanitaria y me preocupa la salud pública, pero no entiendo las incoherencias. ¿Es de verdad que la estética es una profesión tan poco formada en higiene que merece tal trato? Muchos de los centros que a duras penas podían volver a respirar tras el confinamiento anuncian su inminente insolvencia; su ruina. Pido que encontremos un equilibrio entre la salud y la economía, porque si no acaba con nosotros el covid acabará el hambre. Noelia Durán. Gerona

El recibo de la luz

Me llaman una y otra vez desde las compañías eléctricas para intentar conseguirme como cliente. Pero yo no soy «facilona». Primero porque lo que me ofrecen es peor: «Cámbiese de la tarifa regulada a la libre». Me niego porque es la más barata, digan lo que digan los comerciales, y lo que dicen no se suele ajustarse a la verdad. Tras dos o tres frases, los empleados de las grandes compañías se dan cuenta que mis convicciones son firmes. «Si quieren ahorrar -les digo-, contraten lo mismo que yo. No pierdan tiempo». Alguno me ha hecho caso. Marisa García. Vigo

 Los que se cuelan  

Está mal vacunarse sin figurar en la lista de los que necesitan antes el antídoto. Y peor si además el vacunado a destiempo tiene un cargo publico. Igual de mal está que se vacunen familiares y amigos de esos «líderes» públicos. Tenían que ponerle una multa, sin duda, como a quienes no llevan la mascarilla de protección obligatoria. Manuel Diz. Xinzo de Limia.

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