Por qué es probable que gane Illa


Como acuñó para la posteridad Gary Lineker, mucho mejor comentarista que futbolista, y se dice pronto, el fútbol es un deporte que inventaron los ingleses y siempre ganan los alemanes. Con las elecciones catalanas ocurre algo parecido: siempre ganan Convergencia o el PSC. Convergencia ya no existe. Además de la desfeita de octubre y noviembre del 2017, Puigdemont deja para el futuro otros dos grandes legados. 

En primer lugar, ha demolido el mundo nacionalista en general y el llamado espacio convergente en particular. En el pujolato había dos partidos: CIU y ERC. A estas elecciones se presentan hasta cinco que defienden, ya no el derecho a decidir de los Comunes, sino abiertamente la independencia. Por un lado están los clásicos del procés: Junts (Puigdemont), Esquerra y la CUP (los chicos de la gasolina, que diría Arzalluz). Y los recién llegados son Marta Pascal (mano derecha de Artur Mas), que ha vuelvo a la arena para darse una galleta con el Partit Nacionalista de Catalunya (un remedo de la Unió de Durán i Lleida), y el PDECat, que vendría a ser lo único que queda en pie de la antigua Convergencia. Un galimatías digno de los Monty Python en La vida de Bryan.

El otro gran legado de Puigdemont es el desparpajo con el que ha utilizado el dedazo para seguir atornillado al sillón de Waterloo. Illa, Junqueras, Pascal o el propio Carles llevan pegando carteles desde la adolescencia, trepando por los cuadros de sus respectivos partidos hasta llegar a la cima. Pero ahora, con Torra primero y con Canadell después, Puigdemont ha demostrado que podría presentar al Pato Donald y le seguirían votando (Canadell, número dos de la lista, presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, defensor de que El Lazarillo de Tormes y Leonardo da Vinci eran catalanes, merece columna aparte).

De manera que en dos semanas es probable que tengamos que volver a darle la razón a Lineker. O gana Puigdemont o gana el PSC. Desde que por primera vez en el 2013 ERC les dio el sorpasso en las encuestas, los convergentes (Mas primero, Carles ahora) han conseguido darles el abrazo del oso o directamente ganarles, dejando siempre a Junqueras y compañía con la miel en los labios. ¿Por qué ahora lo más probable es que vuelva a ocurrir? Pues porque Junqueras, como buen líder mediocre, se ha rodeado de cuadros incapaces de hacerle sombra. Gente flojísima como Pere Aragonés que al lado de personalidades arrolladoras como Illa, Borrás, Canadell o el mismo Puigdemont no aguantan medio asalto.

Pero, sobre todo, porque, como le ocurre a los Comunes, su apuesta por el llamado independentismo mágico (¡si el pobre García Márquez levantara la cabeza!), que ni defiende ni renuncia a la unilateralidad, le lleva a un lugar de nadie en el que no hay votos.

El regalo de que Torra haya desaparecido del mapa, el presidente sea Aragonés y las consejeras de Salud y Asuntos Sociales sean de ERC es la milla extra. No se le habría ocurrido ni al CNI.

Lo dicho, en ese galimatías, Illa puede ganar. Solo hace falta que todo el bloque indepe no sume 68. En ese caso, volverán a pactar, aunque ahora Puigdemont y Junqueras se estén despellejando, como han hecho siempre, ya sea a la cara o por detrás. Si no suman, ganará Illa. Distinto es saber si los vetos cruzados le permitirán gobernar en minoría. Eso o repetición de elecciones. Pero ese análisis, como los delirios históricos de Canadell, da para otra pieza.

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