Ladrones de cuello blanco

Francisco Ríos Álvarez
francisco ríos LA MIRADA EN LA LENGUA

OPINIÓN

31 ene 2021 . Actualizado a las 09:52 h.

L a víspera de la marcha de Trump de la Casa Blanca se anunciaba que estaba a punto de conceder decenas de perdones presidenciales, algunos de los cuales iban a beneficiar a delincuentes de cuello blanco. El anglicismo de cuello blanco va desplazando en el español al más tradicional de guante blanco. Desde principios del siglo XX, por allá se llamaba white-collar worker (trabajador de cuello blanco) a quien se gana la vida en una oficina o en un despacho, mientras que quien solía vestir mono azul, el obrero, era el blue-collar worker. El white-collar worker que se aprovechaba de su condición profesional para cometer un delito económico se convertía en un white-collar criminal (delincuente de cuello blanco), nombre que empezó a usarse en los años veinte del siglo pasado. 

Los redactores del diccionario académico son renuentes a recoger estas expresiones anglicadas. Alguna sí está presente en el Diccionario panhispánico del español jurídico, que define el delito de cuello blanco como el cometido «por altos representantes políticos y empresariales, distinto de los habituales delitos de sangre». El sociólogo estadounidense Edwin H. Sutherland (1883-1950), autor de Criminalidad de cuello blanco, consolidó estas expresiones. Explica que este delito es «un crimen cometido por una persona de respetabilidad y alto estatus social en el curso de su ocupación». 

Más tradición de uso en español tiene de guante blanco, que viene a decir de un delincuente que actúa con elegancia y sin emplear la violencia. Julián Zugasti y Sáenz, estudioso del bandolerismo, escribió ya en 1880 sobre «esos fortunones fulminantes, esos engrandecimientos súbitos a costa de la ruina de tantos infelices, y esos despojos colectivos llevados a cima por bandoleros de guante blanco».