Vacuna, covid y embarazo


Comentar que la vacunación ha sido uno de los grandes avances de la medicina es una obviedad. Lo mismo ocurre con los antibióticos. Ambos son para combatir lo mismo: las infecciones.

Existe un grupo de población que siempre plantea dudas ante cualquier tratamiento: las embarazadas. Y lo es por el riesgo que supone la posible afectación del feto en desarrollo y también a la especial situación inmunológica que supone la gestación en la mujer.

Todas las vacunas pueden utilizarse en embarazadas a excepción de aquellas con gérmenes atenuados, es decir, que mantienen de forma deliberada cierta actividad.

La vacunación contra el coronavirus causante del covid ha supuesto el mayor esfuerzo científico y económico de la historia, para conseguirla en el menor tiempo posible y con el mayor nivel de seguridad.

Las vacunas actualmente autorizadas en España (Pfizer y Moderna) contienen RNAm (ácido ribonucleico mensajero) que hace que las células del vacunado sinteticen unas proteínas de la pared del virus que son contra las que el sistema inmunológico fabrica los anticuerpos que nos van a proteger contra la infección. Por supuesto, ese RNAm se degrada y no se integra en las células del vacunado. Dichas vacunas no llevan el virus, por lo que no debería presentar ningún problema su administración a gestantes; pero la realidad es que en los estudios realizados para su validación no se han incluido, con buen criterio, a embarazadas (como tampoco a niños).

Las recomendaciones de las administraciones sanitarias y sociedades médicas coinciden en aplicar un criterio, el de prudencia. No vacunar a las embarazadas, a no ser que por sus circunstancias personales o profesionales se considere de riesgo y que, tras valorar con ella pros y contras, la paciente lo acepte.

Quizá con el tiempo se cambie esta recomendación.

A aquellas mujeres que quieran buscar la gestación tras vacunarse se recomienda esperar a completar la vacunación con la segunda dosis. Tras su administración no parece necesario retrasar esa búsqueda por más tiempo, aunque, también por prudencia, se podría esperar uno o dos meses.

Nadie sospechaba que una enfermedad pudiera afectar a la humanidad de forma tan global y causar tanto desasosiego y sufrimiento. Queda un trabajo inmenso, colosal. Sin olvidar la responsabilidad individual, no podemos poner en duda la mejor de las prevenciones: vacunarse. La única que puede protegernos de forma efectiva y devolvernos a la nunca tan valorada y añorada normalidad previa.

Por Roque Devesa Ginecólogo del Equipo Ron del Hospital Quirón-Salud de A Coruña

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