El pasado 30 de septiembre escribí en las páginas de La Voz de Galicia un artículo en el que calificaba de buena noticia el que se prorrogasen los ERTE --aunque fuese in extremis- hasta finales de enero. Citando a la siempre sabia Mafalda, la nueva prórroga no es el acabose, sino el «continuose» del «empezose». Y, en este momento, ya confirmado el acuerdo entre patronal, sindicatos y Gobierno para prorrogar otra vez los ERTE, reitero que es una buena noticia. Los líderes de patronal y sindicatos han mostrado capacidad de negociar y voluntad de acuerdo, sin palabras gruesas ni sobreactuaciones innecesarias. El Gobierno y la oposición pueden tomar nota y abandonar el lamentable teatrillo al que nos tienen acostumbrados. No debemos olvidar que detrás de palabras como «trabajadores» o «empresas» lo que hay son personas, con familias y proyectos que dependen de que los negocios sean viables y rentables. Y cuando dejemos atrás la pandemia -que pasará- muchas personas, hoy en ERTE, volverán a sus trabajos.
La ampliación de la vigencia de los ERTE tiene cuestiones discutibles, especialmente la garantía de mantenimiento del empleo por otros seis meses. La mala técnica legislativa trasladará a los juzgados y tribunales la interpretación de esta salvaguarda del empleo en al menos tres aspectos clave. En primer lugar, la posible contravención de la normativa europea que supone la limitación al despido; en segundo lugar, la calificación como improcedente -tesis dominante- o nulo del despido realizado dentro del plazo de vigencia de la salvaguarda de empleo o por causas relacionadas con la covid-19; finalmente, en tercer lugar, si, una vez realizados despidos dentro de los seis meses de salvaguarda, la empresa debe devolver la totalidad de las cotizaciones sociales de las que se haya exonerado -como parece pretender la Administración- o, lo que parece más razonable, exclusivamente las de la persona despedida.
Sin embargo, en lugar de una prórroga hasta finales de mayo, hubiese sido conveniente acompasar la vigencia de los ERTE y la duración de la pandemia. No es razonable que periódicamente se tengan que sentar a los agentes sociales a discutir sobre una cuestión en la que ya están de acuerdo y tampoco que las empresas y los trabajadores no sepan con antelación a qué atenerse los próximos meses.
Los ERTE son, sin dudam una herramienta útil y eficaz para situaciones temporales como la que nos afecta. Además, han supuesto el gasto de miles de millones de euros de recursos públicos que han de servir para que se mantengan los puestos de trabajo una vez superada la pandemia. Si llegados al vencimiento de la nueva prórroga -el 31 de mayo- no se prorrogasen hasta el final de la pandemia, además de una mala noticia, estaríamos dilapidando recursos muy valiosos.