Que pase el siguiente

R.Rubio.POOL

Casi un año en primera línea de fuego, nunca mejor dicho; con comparecencias diarias en los medios de comunicación, soportando una presión exorbitante, y anunciando calamidades, acaban con cualquiera. También con Fernando Simón. El responsable de alertas ha cumplido su papel, fue leal con sus señoritos y, si es preciso, le concedemos la medalla al mérito de la constancia, al aguante y al comerse los sapos. Pero ni un día más. Se hace imprescindible su sustitución inmediata. Por estética, credibilidad y decoro.

Siempre le estaremos muy agradecidos al epidemiólogo Simón por la tarea realizada. Desde aquel memorable día en que nos anunció que «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado» a los casi 80.000 muertos de hoy recorrimos juntos un camino que nunca creímos tener que recorrer. Y después de entrar todos los días en nuestras casas, lo consideramos de la familia.

Pero eso no puede indultarlo. Cierto que desde el primer momento fue el pim pam pum del facherío y allegados. Se le destrozó por hacer surf, por acudir a un programa de televisión y hasta por no llevar corbata. Y quienes lo defendimos entonces por hechos ajenos a su encomienda no podemos hacerlo hoy, después de lo vivido. Así que, por el bien común, lo mejor es que se vaya y pase el siguiente.

Fernando Simón ha perdido el rumbo. Decir que la presencia de la cepa británica del coronavirus será residual en España, cuando ya llegó hasta a O Vicedo, es irresponsable. Pero responsabilizar al comportamiento ciudadano durante la Navidad del aumento de los casos, con un «ya podíamos recomendar lo que fuera», resulta intolerable. Porque fueron sus jefecillos y los próximos los que nos invitaron a irnos de juerga, incluso con allegados. Ellos se negaron a incrementar las restricciones en aras de salvar la Navidad. Y ellos, sabiendo lo que iba a ocurrir, porque se lo estaban diciendo, abrieron las puertas para que saliésemos de juerga. Aún hoy, cuando Europa se blinda y España está a la cola de restricciones, el gran Simón nos dice que no son necesarias nuevas medidas.

Después de tanto tiempo, tantas tensiones, y tantos y tantos desatinos, Fernando Simón perdió la credibilidad. Pero aún peor. Nos ha perdido el respeto.

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