Los dividendos empresariales y el timo de la estampita


Se acordarán ustedes del famoso timo de la estampita, en el que la víctima compra un sobre lleno de estampitas que percibe como valiosas, pero que en realidad carecen de valor. En el mercado financiero se presenta una situación similar que me recuerda mucho a esta célebre estafa.

El valor de cualquier inversión es el valor presente de la suma de los futuros flujos de caja. En el caso de las acciones de bolsa, estos flujos a inversores son, mayormente, los dividendos declarados. Los inversores españoles, en particular, prestan una gran atención a la rentabilidad por dividendo. Las compañías, conocedoras de esta realidad, mantienen una política de dividendos adecuada para sostener su cotización en bolsa.

Una cancelación de dividendo solo ocurriría en condiciones extremas, y supondría una clara señal al mercado de que la compañía está sufriendo graves dificultades financieras y no se puede permitir pagar dividendos (con una probable caída en la cotización en bolsa).

¿Y los dividendos por acciones? Imagínense ustedes que una compañía declara un dividendo de una acción por cada diez poseídas. ¡Una rentabilidad del 10 %! Qué maravilloso, ¿no? Pues, en realidad, no. El inversor no recibe ningún monto en efectivo. Lo único que recibe son unos papelitos que poseen cero valor añadido -¿les suena?-.

Me explico: si yo soy dueño del 1 % de una compañía y a todos los accionistas nos dan un dividendo del 10 %, al día siguiente sigo siendo dueño del 1 % de la compañía. Nada ha cambiado. No he recibido dinero, y mi situación financiera es la misma que si no me hubieran pagado ningún dividendo (recuerden que sí, tengo más acciones, pero cada acción vale menos).

¿Por qué, entonces, las compañías anuncian a bombo y platillo los dividendos por acciones si, en realidad, es exactamente lo mismo que no pagar dividendos? Porque, evidentemente, decir que compañía x anuncia dividendo por acciones queda mucho mejor que compañía x anuncia la cancelación de dividendos. Y luego lean ustedes los titulares de la prensa económica de «oportunidad de inversión en acciones con una rentabilidad por dividendo del bla, bla, bla…».

Aclaremos que el valor de una empresa depende de muchos factores, independientemente de su política de dividendos (véase Facebook, Amazon, etcétera, que no pagan dividendos), y cada inversor debe valorar cada inversión por sí misma. Pero no nos engañemos. Una rentabilidad calculada basándose en un dividendo por acciones es ilusoria e incorrecta.

Se lo pongo más claro: si a usted le cambio un billete de 20 euros por dos de 10, y al año siguiente esos dos por cuatro de 5, y le intento convencer de que le estoy dando una rentabilidad del 100 % anual, como mínimo se ríe de mí, y posiblemente me denunciara por intento de estafa. Pero si lo llamo dividendo por acciones se considera una oportunidad de inversión de máxima rentabilidad. Pues así me lo expliquen.

Por Breogán Vázquez Gil Profesor adjunto de Finanzas en la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey, EE.UU.).

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