En defensa de la democracia

José Manuel García-Margallo FIRMA INVITADA

OPINIÓN

MABEL RODRÍGUEZ

10 ene 2021 . Actualizado a las 11:56 h.

El presidente de la República Federal de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, inauguró la Conferencia de Seguridad de Múnich del 2018 con una frase que tomó prestada de Shakespeare y que resume muy bien lo que ahora está pasando: «The world is out of join», el mundo está dislocado. Lo más grave de lo que está ocurriendo es que el orden liberal internacional, que el presidente Truman regaló al mundo en 1945 (derechos humanos, separación de poderes y respeto a la ley), se está dinamitando desde la Casa Blanca de Washington, el mismo lugar donde nació. Antes de la llegada de Trump a la presidencia, había muchas democracias iliberales o autoritarias, pero ninguna de ellas en lo que hemos convenido en llamar el mundo occidental; a partir de entonces ya tenemos democracias iliberales en casa.

 En una democracia no hay más decisiones legítimas que las que se toman dentro de la ley, y Trump ha pisado todas las líneas rojas. Cultivó desde su mandato el odio y el desprecio al adversario hasta dejar un país más dividido, más radicalizado y más polarizado que nunca. No aceptó el resultado de las elecciones certificado por gobernadores y funcionarios de su propio partido y avalado por todos los tribunales a los que ha recurrido. No contento con eso, ha convencido a buena parte de sus seguidores de que las elecciones habían sido fraudulentas; ha intentado forzar a los funcionarios de su partido a no certificar unos resultados que nadie ha podido discutir y ha alentado a sus votantes a tomar las calles. Cuando estos han intentado asaltar el Capitolio abdicó de su responsabilidad, como comandante en jefe, de movilizar a la guardia nacional: han tenido que ser el vicepresidente y el secretario de Defensa los que tomaran esa decisión. Eso, en derecho, se denomina prevaricación, que supone adoptar, a sabiendas, una decisión ilegal incluida la de no actuar estando obligado a hacerlo.

Concluyo. Gabriel Naudé, bibliotecario del cardenal Mazarino, definió el golpe de Estado como el intento de alterar el orden establecido por procedimientos no establecidos en la ley. Eso es hoy aplicable en Estados Unidos, en Venezuela o en Cataluña. En democracia no se puede distinguir entre decisiones legales y decisiones legítimas como si fuesen cosas distintas, porque únicamente son decisiones legales las que se adopten por quien tiene competencia para hacerlo y se ajusten al procedimiento establecido. Lo demás, no es de ley.