Nunca un programa tan previsible había sido tan esperado como la despedida del maldito año que vivimos peligrosamente. Más de 22 millones de espectadores firmaron el récord histórico de una retransmisión que cada cadena barniza a su estilo, pero que en lo esencial se reduce a lo mismo de siempre. Más de cuatro millones de personas que el año pasado estaban haciendo cualquier otra cosa que no fuese ver la televisión se sumaron esta vez a ese rito para exorcizar los demonios y sentir calor humano más allá de la burbuja propia. La mayoría eligió La 1 para ponerse un rato en la piel de Ana Obregón y llorar con ella. Otros muchos optaron por evadirse con el show de Pedroche y su vestido. Al final, para hacer honor a esta época de pandemia y división social, muchos espectadores de una y otra cadena acabaron enfadados.

Los de La 1 protestaron porque la retransmisión pasó sin detenerse por la actuación de Nacho Cano. Los conspiranoicos acusaron incluso a TVE de adornar con flores el balcón para tapar la bandera de España colocada por Ayuso. Los de Antena 3 sí pudieron ver y oír al teclista de Mecano, pero casi se quedan sin tomar las uvas por el empeño de la presentadora en alargar su destape hasta el límite de los cuartos. Así retuvo al público y subió audiencia. Nunca tantas expectativas se habían depositado en un solo minuto.

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