Por fin queda atrás el 2020. Desde un punto de vista laboral ha sido un año devastador y para muchas empresas toda una odisea mantenerse a flote estos meses. Ahora toca encarar el 2021 y desde luego hacerlo con optimismo y cautela. Determinados sectores clave en este país han superado todos los obstáculos y han conseguido gracias a su tesón el inicio de la reactivación del mercado laboral. A la vez otras actividades están profundamente afectadas por la crisis sanitaria a lo que añaden la incertidumbre sobre su duración.
Es necesario que dejemos de hablar de ERTE, no podemos seguir anclados en la temporalidad. Necesitamos afianzarnos ya en la situación pospandemia y empezar a adoptar medidas definitivas que afiancen el futuro de la actividad económica. Es cierto que tras la superación de la dramática paralización que sufrió el país y que nos abocó a la presentación masiva de ERTE se ha producido una salida progresiva, pero también es cierto que como consecuencia de las dificultades establecidas por el legislador para hacer despidos podemos aventurar con casi total seguridad que el año 2021 será un año de despidos.
Y esto es así porque es imposible que las empresas asuman el coste del personal que tenían antes de la pandemia cuando su actividad en muchos casos se ha visto gravemente disminuida por las restricciones impuestas.
A pesar de todo esto es quizás un buen momento para revisar en nuestras empresas nuestro modelo de relaciones laborales. Es necesario tener en cuenta las modificaciones que se han producido en el último año en materia de igualdad y de teletrabajo, y cómo se hace necesario que cada empresa cuente con un plan de igualdad con sus auditorías retributivas, un registro salarial, un protocolo frente a situaciones de acoso, un procedimiento de desconexión digital y acuerdos en materia de teletrabajo.
Con la llegada masiva en la última década de las nuevas tecnologías en la empresa han aflorado nuevos mecanismos de comunicación, sistemas informáticos de organización empresarial, sistemas de control o incluso formas de márketing, que por ser tan recientes, apenas han sido regulados, y que durante la pandemia han demostrado su predominio. Es por eso necesario revisar los procedimientos internos de usos de las TIC y códigos de buenas costumbres que han venido a suplir la deficiente e inexistente legislación sobre esta materia.
Lo que está claro es que es un momento en el que frente a los retos e incertidumbres del mercado laboral actual cada empresa debe aprovisionarse con los procedimientos y protocolos necesarios para su actividad, todo ello con el fin de afrontar la que se avecina que no es más que una odisea en el mundo laboral.