¿Qué sociedad queremos?


A pesar de su más que evidente fracaso histórico, de sus numerosas víctimas (se cuentan por millones) y de las incoherencias burguesas de sus líderes, sorprendentemente el marxismo sigue siendo a día de hoy el catecismo de algunas personas. Ya no es una escuela filosófica, claro, si es que alguna vez lo fue, sino un mito; y los mitos pueden prescindir de la razón… Dos posibles explicaciones son que al ser humano le cuesta mucho trabajo vivir sin ídolos, por un lado, y el enorme afán de revancha que anida en no pocas almas (quítate tú para ponerme yo).

Otra cosa curiosa es que aquí los que van de comunistas profesan también un liberalismo moral (que no político ni económico), siendo así que allí donde el comunismo aun pervive como estructura de poder (China, Cuba) no quieren ni oír hablar de los derechos y libertades individuales.

Todo esto, unido a la pereza intelectual de una ciudadanía que nunca tuvo tanto poder de intervención en los asuntos públicos como tiene ahora pero que no gusta de pensar en las consecuencias a medio y largo plazo de sus decisiones (u omisiones), está favoreciendo la construcción de un espacio político y social poco amigable para aquellos que no piensen como el Gobierno. Añádase a todo ello los efluvios que produce la erótica del poder y un paradigma ético basado en el pragmatismo más obsceno y tendrán ustedes los mimbres exactos con los que estamos construyendo la España de las próximas décadas.

Lo que atisbo de ese futuro próximo me causa un profundo desasosiego. Porque, además, seguimos enrareciendo el debate público con afirmaciones que nadie ha dicho. Por ejemplo, yo no he dicho que los cuidados paliativos solventen el problema ético de la eutanasia. Siempre habrá personas que, por bien cuidadas que estén, quieran poner fin a su existencia.

Lo que sí he dicho -y reitero- es que, mientras no haya alternativa real, es decir, que la persona esté bien atendida y además tenga la posibilidad de solicitar la ayuda al suicidio, la voluntariedad y autonomía sobre la que se dice descansa la petición de eutanasia no será tal. Este es el meollo de la cuestión. Lo que yo veo todos los días en el hospital. Por consiguiente, conceder la eutanasia a aquellos que no tienen los cuidados adecuados es inmoral. Y esto no responde a ningún parámetro teológico o religioso: es pura y simple bioética. Lean, por favor, los fundamentos del principio de autonomía.

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