Las ilusiones perdidas


Balzac escribió a mediados del siglo XIX La comedia Humana, que compendiaba el texto que hoy le pido prestado para titular este articulo navideño: las ilusiones perdidas. También lo usa en uno de sus populares poemas Espronceda cuando señala que «las ilusiones perdidas son hojas desprendidas del árbol del corazón».

A lo largo del camino de la vida se van dejando atrás, se pierden, muchas de las ilusiones que nos acompañaron en la construcción de nuestra personalidad, y son precisamente estos días de amable ternurismo, de abrazos navideños, de deseos de infinita felicidad y de procurar paz en la tierra a los hombres de buena voluntad, cuando realizamos el balance de las ilusiones que hemos ido perdiendo. Perder la ilusión es tirar la toalla de la vida, morir en cierto modo.

Pensaba al ver las colas para la compra de lotería navideña cómo centenares de hombres y mujeres ponían las esperanzas de un futuro económico más desahogado en la fortuna a plazo fijo, numéricamente escrita en la suerte que buscaba la coincidencia de cinco bolas saliendo de un bombo. La mañana del sorteo fue la de las grandes frustraciones y este año más que nunca la salud fue la invocación mas demandada al ver que el décimo no estaba premiado.

El día que muchos niños descubren que no es del todo cierta la existencia de los tres reyes magos de oriente, aunque esta tesis es discutible, se produce la mayor perdida de ilusión, que abre paso a otras que se irán produciendo de manera sucesiva a lo largo de la vida.

Es muy fácil perder ilusiones, derrochar esa mágica manera de soñar metas probables, es muy fácil ver que la botella esta medio vacía en lugar de mirarla medio llena, pero asimismo es muy difícil renunciar a una puesta de sol, o al alba que preludia la ilusión párvula de un nuevo día. Los niños y los jóvenes son el perfecto reservorio de todas las ilusiones. Ser viejo no es otra cosa que la pérdida casi total de las pocas ilusiones que todavía van quedando.

Bien sé que esta colaboración de hoy viene dictada por los acontecimientos que nos ha tocado vivir, por estas fechas sensibles para los que año tras año seguimos viendo una estrella que anuncia un nacimiento en Belén, y de manera muy singular para quienes creemos en la esperanza que pese a todo sigue anidadando en el corazón de los hombres. Por todo ello estoy seguro que muchas de las ilusiones perdidas pueden ser, en estos días, las nuevas ilusiones ganadas. Lo creo sinceramente.

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