Derecho a una muerte digna. Una victoria sin descanso

Ascensión Cambrón PORTAVOZ EN GALICIA DE LA ASOCIACIÓN DERECHO A MORIR DIGNAMENTE

OPINIÓN

20 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

La aprobación de la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE) es toda una victoria. Lo es para la causa defendida por Ramón Sampedro, Luis de Marcos, Maribel Tellaetxe, María José Carrasco y otros muchos cuyas familias han seguido reclamando el reconocimiento del derecho a morir sin sufrimientos y con dignidad. Victoria también de los movimientos sociales, que han hecho suya la reivindicación del derecho a la eutanasia, y con especial mención a la Asociación por una Muerte Digna de Galicia (DMD), que lleva 36 años solicitando su reconocimiento y luchando contra quienes se oponen también a la despenalización de la ayuda al suicidio. Con frecuencia, los opositores argumentan su negativa con principios de naturaleza teológica de imposible contraste empírico, aunque legítimos para sus fieles. 

La legalización de la eutanasia es una victoria también de los profesionales de la salud, porque este marco legal les permitirá conocer la expresa voluntad del paciente ante su enfermedad, lo que contribuirá a resolver los casos más complejos. Y, ante todo, es una victoria para la sociedad, porque la norma permitirá elegir libremente cómo morir. Es la libre disposición de voluntad individual, su fundamento moral, expresado como autonomía, sin cuyo respeto los seres humanos carecerían de dignidad. Parece que este sentimiento de aceptación lo ha interiorizado la población, que en sucesivas consultas de opinión se ha manifestado favorable al reconocimiento de la eutanasia.

Las personas vinculadas a la DMDG celebramos la aprobación en el Parlamento del derecho individual «a poner fin a nuestra vida cuando seguir viviendo solo proporciona sufrimientos». Esta iniciativa parlamentaria tenemos que agradecérsela al grupo político que promovió el anteproyecto de ley, pero también al resto de fuerzas políticas que lo han apoyado en su tramitación. Esta sintonía entre diferentes manifiesta que todos ellos comparten una convicción común: el valor del derecho a la libertad, principio moral que guía los comportamientos individuales (la elección de cómo morir: unos mediante la eutanasia y otros con cuidados paliativos). En segundo lugar, esta norma asentada en esa libertad justifica también su aplicación como principio ético-político, ordenador de la vida democrática.