La Navidad no es un cuento


La legendaria historia creada en 1843 por Charles Dickens sobre el peculiar Ebenezer Scrooge visitado por tres fantasmas durante la Nochebuena, que le hacen salir de la miseria moral en la que vivía, me lleva a reflexionar sobre nuestro propio Scrooge, sobre ese personaje huraño, tacaño e insensible que en mayor o menor medida albergamos. A menudo nos refugiamos en él para dar sentido a ciertas decisiones que tomamos, por eso, como en la novela debemos hacer un análisis de nuestras acciones pasadas, presentes y, sobre todo, diseñar otro futuro.

Cuando en la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría abrieron el debate sobre si las personas mayores que viven en residencias deben ir con sus familias en estas fiestas navideñas o no, se consiguió algo no esperado, pero que resultó esperanzador: de repente, el Scrooge que toda sociedad tiene empezó a meditar sobre la rigurosidad de sus decisiones. Y lo más importante, empezamos a preocuparnos de verdad por el bienestar de los mayores, más allá de cuestiones científicas.

Un tema tan sensible como este solo se puede enfocar desde la bioética. Los cuatro principios de esta ciencia son autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia. Desde estas máximas, la única conclusión factible es que las personas mayores deben pasar las fiestas en familia, siempre que ellas quieran salir de la residencia para ir con sus familiares (autonomía); siempre que la casa reúna las condiciones de accesibilidad y habitabilidad necesarias, sobre todo en el caso de las personas con problemas de movilidad (beneficencia); siempre que evitemos las visitas y las reuniones grandes -desde la Sociedade de Xerontología recomendamos que en la unidad familiar como mucho sean cuatro o cinco personas-; y siempre que, de acuerdo con las autoridades sanitarias correspondientes, hagamos al mayor una prueba PCR antes del regreso a la residencia para asegurarnos de que no tiene el virus y no pone en peligro a sus compañeros (no maleficencia).

Es decir, utilizando el sentido común y la parte más cálida de nuestro corazón, podemos dar a las personas mayores unas fiestas entrañables, acogedoras y llenas de cariño, que después de lo vivido se lo han ganado (justicia).

Han sido meses de aislamiento, sin contacto con sus compañeros, observando el exterior a través de una ventana, escuchando historias de un virus muy agresivo que atacaba a las personas más vulnerables, viendo morir a compañeros y compañeras… con un miedo a algo que ni siquiera comprendían bien, privados de las visitas.

Fue muy duro y les debemos un gran homenaje; cometimos errores en el pasado, de eso no hay duda, y se siguen cometiendo, pero ahora Scrooge puede enmendar el presente para que las navidades futuras sean menos frías y solitarias.

Por Miguel Ángel Vázquez Vázquez Médico geriatra y presidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría

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