Cuando comenzó la pandemia ocurrida durante los años 1918 y 1919 los habitantes de nuestro planeta eran 1.825 millones. Enfermaron más de 900 millones y murieron entre 50 y 100 millones.

Aunque la causa de la enfermedad fue un brote de la gripe A subtipo H1N1, la mayoría de los fallecimientos se debieron a neumonías causadas por sobreinfección bacteriana. No dispusieron de vacuna para prevenir la enfermedad, ni de antibióticos para tratar las neumonías.

El enorme número de personas inmunizadas por haber pasado la enfermedad fue la causa de que se consiguiera la inmunidad de grupo, colectiva o de rebaño. Dicha inmunidad es un fenómeno bioestadístico que se produce en una población cuando gran parte de ella se ha hecho inmune fracturándose la transmisión entre personas, evitando que individuos no inmunizados se contagien. Ello puso fin a la pandemia, tras la que llegaron los denominados «felices años 20».

Si bien es cierto que la mayoría de los expertos piensan que los contagios de la gripe de 1919 fueron debidos fundamentalmente al movimiento de tropas ocurrido durante la Primera Guerra Mundial, en el caso de la actual pandemia la causa fundamental lo fue el mundo globalizado en el que vivimos, donde el flujo de personas entre ciudades, países y continentes es masivo.

Se estima que de 47 millones de españoles censados (INE, noviembre 2020) enfermaron 8 millones, lo que corresponde al 17 % de la población. Para conseguir la inmunidad de grupo tendrían que enfermar al menos entre el 60 y el 70 %, lo que acarrearía una elevadísima mortalidad.

La segunda alternativa para poner fin a la pandemia sería el confinamiento total y durante mucho tiempo, lo que es absolutamente inasumible desde el punto de vista individual, social y económico, por lo que el fin de la pandemia solo podrá vislumbrarse cuando una elevada proporción de la población se vacune, con lo que se conseguirá la tan deseable inmunidad de grupo.

Nunca a lo largo de la historia ha podido investigarse con tanta rapidez, precisión y garantía las vacunas que en este momento están comenzando a ser aplicadas. Anteayer en el Reino Unido, en los próximos días en los EE.UU. y enseguida en la Unión Europea.

Las autoridades sanitarias y los políticos tendrán que hacer el esfuerzo pedagógico necesario para estimular a todos los ciudadanos a que se vacunen porque su eficacia supera el 90 %. Que no tengan miedo a vacunarse, que tengan miedo a contraer la enfermedad, porque en determinados casos puede ser grave e incluso causar la muerte.

Vacunarse además es una obligación social, porque gracias a ello evitaremos contagiar a los demás y aportaremos un granito de arena para conseguir la inmunidad de grupo que sirve de cortafuegos para derrotar a la pandemia.

Javier Martínez Pérez-Mendaña es vocal de la Comisión Deontológica y de Ética del Colegio Médico de A Coruña y Académico Numerario de la Real Academia de Medicina de Galicia.

Por Javier Martínez Pérez-Mendaña Vocal de la Comisión Deontológica y de Ética del Colegio Médico de A Coruña y Académico Numerario de la Real Academia de Medicina de Galicia

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Por qué las vacunas