Del bacalao al «brexit»: ¿qué empieza?

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

11 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Parecerá sorprendente que el acuerdo del brexit entre el Reino Unido y la UE -un mercado de 480 millones de personas- dependa, resuelto el escollo de la ley del mercado interno británica y sus cláusulas irlandesas, de la pesca y las condiciones de acceso de los países europeos a las aguas del Reino Unido. Aguas que los británicos pretenden controlar en exclusiva, pero manteniendo la exportación e importación de sus productos sin aranceles. Recordemos que en Gran Bretaña el 80 % del pescado capturado por la flota de su bandera se exporta y el 80 % del bacalao y el eglefino, para el fish and chips que consumen, se importa de Islandia y Noruega.

Las aguas británicas son un afortunado caladero de pesca que suministra unos 1.300 millones de toneladas anuales (el 15 % de la pesca de la UE), de las que los británicos capturan un 43 % y el resto los otros países de la UE, con Francia, seguida de Países Bajos, Irlanda y Dinamarca, a la cabeza. Y en el envés de tan afortunado caladero está el mercado, donde la UE es el destino de dos tercios de las capturas pesqueras del Reino Unido, con Francia y España como sus principales clientes. Países que junto a Portugal y Dinamarca son los mayores consumidores per cápita de pescado en la UE (entre 35 y 60 kilos por persona y año)

La UE sufrirá con un brexit sin acuerdo, pero en la pesca Francia, Países Bajos, Bélgica y otros países, incluida la flota gallega o británica de capital gallego que faena en aguas europeas y en las de Malvinas, son los más perjudicados. Tanto por el acceso a los caladeros como por el acceso a los mercados sin aranceles. De ahí que el presidente francés sostenga que la pesca es inseparable del conjunto, y que es preferible que no haya acuerdo a un mal acuerdo. De ahí también que para los británicos la expulsión de la flota comunitaria de sus aguas suponga dificultades de acceso a los mercados europeos, incluyendo en ellos Islandia o Noruega, bien por vía de aranceles, bien por control aduanero. Añadido a una oposición creciente a que la pesca condicione los intereses de otros sectores como el financiero.