Las series son mentira


Cuando Diana de Gales murió en París, pocos pensaban que el príncipe Carlos podría soportar aquel vendaval de desconsuelo conservando su corona de heredero intacta. Pero el tiempo transcurrió y el primogénito de Isabel II no solo sobrevivió, sino que consiguió casarse felizmente con su amante y recuperó el aprecio de un país que, a pesar de los vaivenes, no cuestiona a su monarquía. Ya es mala suerte que haya venido The Crown a desempolvar el pasado y a sublevar a las masas con el fantasma de Lady Di.

Crece la inquietud en el Reino Unido por la imagen que la serie traslada a un público al que suponen poco instruido para discernir entre la Historia y un guion. Tanto que el ministro de Cultura ha mediado para pedir a Netflix que guíe al espectador y aclare que las tramas son inventadas, por mucho que haya un fondo de verdad. «Me temo que una generación de espectadores que no vivió aquellos acontecimientos puede confundir la ficción con la realidad», señala. Podría pedir, de paso, que se haga lo mismo con todas las películas que escenifican las vidas de Enrique VIII, de María Estuardo o de Winston Churchill.

La respuesta de la plataforma ha sido publicar un vídeo de un documental en el que la difunta princesa, con sus propias palabras, certifica algunos de los hechos dramatizados en la serie. Es solo su versión. La única que se conoce de primera mano, por cierto.

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