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Volver a empezar: test para todos

Gaspar Llamazares
Gaspar Llamazares FIRMA INVITADA

OPINIÓN

María Pedreda

26 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Vuelve, como en la primera ola, el grito de test para todos, y con ello el populismo pandémico ataca de nuevo. En esta ocasión, con el test de antígenos, que además es más rápido y barato que la ya famosa PCR. Por fin, la pandemia se integra en la lógica del individualismo y de la sociedad líquida de consumo: hágase el test cuando usted lo necesite, sea para facilitar su vida familiar, social o laboral, y hágaselo en cualquier lugar: en su farmacia habitual e incluso en la intimidad de su hogar. Y tenga la seguridad de que le protegerá. Sírvase usted mismo. Se lo merece.

Nada de disquisiciones científicas ni de burocracia sanitaria. Que si se trata de un método diagnóstico como parte de la historia clínica del centro de atención primaria o del hospital, que si la carga viral tiene una importancia trascendental para instaurar el tratamiento domiciliario, hospitalario o de cuidados intensivos. Que si forma parte de la estrategia de salud pública frente a la pandemia y de la necesidad de su integración en los registros y en la red de vigilancia para el seguimiento y control de la pandemia. Pamplinas.

Antes, en la primera ola, fue la exigencia de PCR para todos, precisamente cuando más escaseaban como consecuencia del incremento súbito de la transmisión comunitaria del covid-19 y, además, del colapso consiguiente de la cadena globalizada de suministros. Ahora, lo de la relocalización de industrias de equipos y tecnologías sanitarias básicos se ha ido olvidando, aunque debería seguir siendo una de las lecciones a recordar. Desde entonces, tal parece que los test ya no fuesen parte de la confirmación de un diagnóstico, sino que además fuesen terapéuticos, y más que curativos, milagrosos, algo así como la imposición de manos o el bálsamo de fierabrás, pero más accesibles (recuérdese que uno y otro eran selectivos). Pero para algunos también sigue siendo parte todavía de una solapada estrategia de rebaño, si bien selectiva, y de una alternativa individual a las medidas de control, distanciamiento y a los distintos grados de confinamiento poblacionales propios de la salud pública.