Las cuentas de la lechera


Como ya disponemos de al menos cuatro vacunas y vamos a hacernos con ochenta millones de dosis, comenzaremos a aplicarlas a primeros de año en 13.000 puntos, porque, a decir de Fernando Simón, España tiene una «experiencia enorme» en estas cosas. Así que en un pispás, en unos cuantos meses, estaremos todos prácticamente vacunados; volverá la alegría a nuestras calles y se reactivará el consumo privado con un aumento del gasto de 40.000 millones. Y hasta se producirá la reapertura masiva de empresas y el empleo se disparará a niveles nunca conocidos. Todos felices.

Son las cuentas de la lechera en versión moderna, actualizadas; que pueden acabar como la joven del cuento de Esopo, con el cántaro por los suelos y todos los sueños rotos. Porque todo lo que nos venden sobre las vacunas va en un cántaro demasiado frágil e inestable que en cualquier momento se puede hacer añicos. Ni las evidencias de las que se hablan están demostradas y verificadas con su publicación en una revista científica, ni han sido evaluadas por los expertos, ni conocemos su forma de conservación, ni los efectos secundarios de su aplicación. Estamos pues únicamente ante meras opiniones o, como aseguran revistas científicas, son buenas noticias pero solo son noticias, no hechos científicos reproducibles. 

Por todo ello debemos colocar cuanto nos cuentan nuestros mandarines en el apartado de promesas y como ejercicio de autoayuda. Los ánimos están como están y siempre se agradece una inyección de estímulo, pero sobre la realidad; sobre hechos concretos y no sobre conjeturas. Las profecías casi nunca se cumplen y en esta situación el desenlace puede ser demoledor.

Los mismos que nos dijeron en el pasado mes de julio que habíamos derrotado al virus, y que estos días vuelven a insistir en lo mismo, nos presentan un futuro idílico. Basado en hipótesis y en medias verdades. Y si en verano nos mandaron de vacaciones tan tranquilos, ahora nos allanan el camino para celebrar la Navidad como si aquí nada ocurriese. Así que como lo que nos dicen se asemeja a las cuentas de la lechera, recordemos la moraleja con la que siempre nos cerraban la fábula: no ambiciones el bien futuro porque ni el presente está seguro.

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