Cuánto dolor acumulado


Cómo me impactaron las historias de Jaime Ouro y Josefina Vázquez dadas a conocer por este periódico hace unos días. Les reducen las horas de ayuda a domicilio, ¡cómo si ya fueran muchas! Llueve sobre mojado. Mientras, nuestros gobernantes siguen ocupados en hacer demagogia: yo les recetaba trabajar un mes seguido atendiendo enfermos crónicos que viven en sus casas, también les iría bien dedicar algunas jornadas a trabajar en una unidad de cuidados paliativos y, cómo no, pasarse unas cuantas horas por una residencia de ancianos. Probablemente, si tienen el corazón y la mente dispuestos a aprender, empezarían a gobernar de otra manera.

Pero no se apuren, que tal cosa no sucederá. Una boutade más de Amor Pan, dirá alguno. El titular de la historia de Josefina era el siguiente: «Sin esta ayuda en el hogar, te empujan a que tenga que ir a una residencia». Yo lo corrijo: te empujan a pedir la eutanasia. Porque las residencias también dejan bastante que desear. Porque las personas, yo el primero, no quieren sufrir, en el sentido pleno y amplio del término; quieren cuidados de calidad, soporte emocional, morir en su casa, no ser unos muertos en vida… Unos padres con pocos medios fueron capaces de sacar adelante a cinco hijos, pero cinco hijos no son capaces ahora de atender como se merecen a sus padres. El Estado, que los atienda el Estado. En fin, ¿dónde quedó aquello de libertad, igualdad y fraternidad?

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