El milagro de Madrid


La sucinta narración de los hechos dice que el 6 de noviembre, inicio del puente de la Almudena, Madrid era, en palabras de García-Page, una bomba vírica de potencia apocalíptica. La madrileñofobia se hacía patente en todas las nacionalidades y regiones -próximos estados europeos- de la antigua España. El presidente del Gobierno más paternalista de nuestra historia, que ya había superado el insomnio eclesiástico que padecía, empezó a padecer interminables desvelos causados por la pandemia capitalina. Y por eso ordenó a los inefables Illa y Simón que, para salvar vidas a moreas, corrigiesen la deriva de Madrid. Para eso dictó un artesanal estado de alarma que, más que señalar y marcar un lazareto peligroso, legalmente discutible, pretendía controlar la particular demencia política de Isabel Ayuso. Y gracias a eso descubrió nuestro país una figura tan audaz como la centralización del centro, cuya sutil determinación solo es posible con un Gobierno tan caótico, sectario e ineficiente como el que hogaño nos protege.

Para dar viabilidad a esta audaz intervención, los asesores de Sánchez iniciaron la colosal tarea de cambiar la realidad por un relato, del cual debíamos deducir que la brillante gestión española de la pandemia, asombro de Europa y fuente de inspiración para la OMS, hacía aguas en Madrid por dos razones: a) porque estaba gobernada por la derechona, que ni dialoga ni se rinde a los encantos del dueto progresista; y b) porque la cabeza visible de esa derechona es una señora descrita -en términos sectarios y machistas- como una niña tontita, que solo se preocupa de sus pintalabios, que no sabe ni entiende nada de gobernar -porque es la banalidad encarnada-, y a la que, con tal de ganar las elecciones, le importa un bledo la salud de los madrileños.

Por eso hay que reputar de milagro lo que sucedió en Madrid en solo dos semanas: que sus cifras de pandemia están entre las mejores de España; que la saturación hospitalaria no se produjo; que los madrileños se van a confinar durante el puente de la Inmaculada para evitar las bombas víricas de García-Page y otros conocidos pajes, y -¡lo más de lo más!- que todo esto sucedió con la hostelería abierta, con la economía menos dañada de España, y con una progresiva aceptación por la UE de los confinamientos por áreas de salud y por períodos de riesgo, rastrear la enfermedad con test de antígenos, compatibilizar los servicios esenciales con el control del covid-19, y recurrir a la responsabilidad de los ciudadanos, recetas que propuso Ayuso siguiendo las indicaciones de dos técnicos -Ruiz Escudero y Zapatero Gaviria- que, en colaboración con otros científicos -que existen de verdad- encontraron una vía alternativa a la errática estrategia del anónimo e inexistente comité de sabios que protege a Simón e Illa. Exijo, pues, saber lo que pasó. Porque si el milagro cayó del cielo, habrá que revisar lo del Estado laico. Pero si, como parece, lo hizo Ayuso, cuestionemos a Sánchez. Porque algo hay que cuestionar.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
65 votos
Tags
Comentarios

El milagro de Madrid